sábado, 25 de diciembre de 2010

Flora de la Torre.






Nombre / Seudónimo. Flora Ayala de la Torre / Flora de la Torre 
Nacionalidad. Mexicana
Lugar de residencia. Distrito Federal
Año de nacimiento. 1983
Estudios. Lic. en Psicología Social. UAM-I. Clases particulares : Teosofía, Teatro.
Idiomas. Español. Lenguaje inventado, Inglés (pues qué me queda).
Prosa o verso. Prosa y verso.  
Géneros. Ensayo, Poesía, Cuento y Relato.

Áreas de interés. Filosofía, Sociología, Música, Teología, REligión, Ciencias duras. Cine. 


Breve biografía: 
Soy mi presente: nada más.



Msn. florislinda2003@hotmail.com


Breve texto de tu autoría.


-¡Me ama a mí!, ¡A mí! decía, gritaba mientras golpeaba alternativamente con el mango de la pala a Ricardo. La fuerza de sus brazos era mucha. Ricardo sangraba y yo abrochaba las agujetas de mis teniss. Quería correr despavoridamente, dejar atrás toda esta historia. Me empecé a sentir culpable, aunque en realidad otra parte de mí pensaba que todo esto más bien nada de esto era real, que era parte de una película... 

En realidad no recuerdo cómo la conocí. Seguro vagaba por la calle y me pidió dinero. Seguramente se lo di y comenzó a platicarme su vida siguiendo mis pasos. Seguramente la encontraba seguido y me platicaba sus problemas. Seguro que de un instante a otro me invitó a su casa: un frío hoyo era la puerta de una pocilga arruinada por la humedad. Allí platicábamos. Sinceramente sentía pena por ella. Sus cabellos ondulados y pegajosos y su olor penetrante. Su cuerpo era muy delgado y al caminar parecía tambalearse. Yo la quería. 

Un día llovía y nos refugiamos en la catedral. Entramos y como mi ropa era formal la dejaron entrar sin mayor problema. Ella se sintió tan abrumada por el impacto de ese lugar que comenzó a llorar. Se inclinó sobre el piso, y lloró y lloró... nunca había visto tanta belleza. Yo me agaché para tocar el piso y cuando lo sentí, percibí la sensación más hermosa del mundo, toqué el punto donde se unía ese piso de barro y me sentí tan desamparada como ella, con ganas de agostarme sobre ese piso, mirar la cúpula y sentir que nada puede pasar: sus emociones y las mías poco a poco se fueron entremezclando. Había días que yo no sabía quién era, sin embargo con el tiempo comenzamos a compartir todo. 

Yo renté un pequeño espacio para las dos. Ella comenzó a bañarse y a maquillarse todos los días. Vestía con minifaldas fuscias y collares largos y llamativos de cuentas redondas, y a pesar de que su piel era morena, usaba el labial del mismo tono de su falda. Sinceramente se veía ridícula, pero le gustaba llamar la atención; es decir, lograba su cometido. Cuando pasábamos por los mercados o puestos de películas pirata no faltaba el "ay mamacita" mientras alguno le tocaba el muslo y subía la mano hacia la nalga alternativamente que pronunciaba esas palabras. A mí me molestaba, pero allá ella. Ella caminaba contenta por la plaza con sus zapatos de plataforma plástica de 10 cm de altura. Era feliz y eso era lo importante. 

Debo contarles que quizá la razón por la que yo había hecho amistad con ella era por que yo fui adoptada. Mis padres verdaderos me abandonaron y los que ahora son mis padres me acogieron. Muchos días a lo largo de mi vida me pregunté qué sería de ellos y qué hubiese sido de mi si nadie me hubiese adoptado... quizás aún viviría como ella. (en realidad casi no me gusta pensar en ello). Me sentía muy bien de haberle convidado mi espacio. Juana era muy divertida y algunas noches ponía música y bailábamos ese rock que tanto le gustaba. A veces yo cocinaba para ella, pero ella prefería que fuéramos a los tacos, unos tacos muy baratos que vendían en la esquina de la casa, que a ella le encantaban.

Una noche de insomnio ella estaba perdidamente dormida a mi lado. Yo miraba fijamente hacia la puerta del baño. De repente me atormentaba el pensar que era una locura lo que estaba haciendo, ¡había recogido a una desconocida de la calle! Podría robarme o lastimarme. No sabía qué iba a suceder. Había dejado todo por ella. Mis papás nunca lo comprendieron, es más, no me hablaban, ¿cómo era posible que teniéndolo todo me hubiera ido a vivir con una vagabunda? 

Un día conocí a Ricardo, lo conocí en el departamento de redaccion de la revista. Imaginen un chico alto, de tez muy blanca, sin bigote pero con una pequeña barba, rubio cenizo y con unos lentes redondos tipo John Lennon. Me encantaba cuando vestía con tirantes. Era muy guapo. 

Un día me invitó a salir. Fuimos a la Condesa a tomar un capuccino muy rico que hacen por ahí. De regreso quería acompañarme a mi casa pero me negué. Lo último que deseaba era que conociera a Juana. Él se quedó desconcertado y al siguiente día trató de averiguar lo que sucedía, aunque en realidad no le dio mucha importancia. Los días pasaban. Hablábamos todos los días por teléfono. Juana se me quedaba mirando de reojo y se salía por las noches con sus minifaldas multicolores. 

Una nohce llegué a casa más temprano de lo esperado y la encontré masturbándose con un zapato de tacón mío. Parecía extasiada y en el radio sonaba una grabación que hacía sonar mi voz. Sinceramente me impactó la escena. Cuando me vio, solo abrió mucho los ojos sin saber qué hacer. Yo nunca habría sospechado algo así. Jamás me insinuó nada. De hecho, una vez fuimos a un tuburio( de esos que ella frecuentaba casi todas las noches). Me perdí en esa ocasión un rato y cuando la vi estaba retozando sin ningún pudor con un tipo. Gemía enloquecida. Yo salí de ahí trastornada. En la puerta un guardia me dijo que si me llevaba a casa. Le dije que sí. Pasamos antes a su departamento por que me pidió que fuéramos por una chamarra que habia olvidado. Lo que recuerdo es que él me empujó contra la pared. Me tocó las caderas con dureza y destapó mis ropas. No sé cuáles eran las sensaciones pero por un instante quería ser arrastrada por él y maltratada, era como si él me salvase de mí misma y todo lo que había en mi interior, todo lo que deseaba callar, deseaba callar tanto que Juana era como yo, pero yo lo había reprimido con lujos y licores Ahhh!!, yo gemía de placer. Él era salvaje, me trataba como aun objeto. Yo no deseaba ser tratado con ninguna delicadeza, deseaba ser utilizada, así tan sinceramente como él me trataba. Deseaba un momento de sinceridad y lo tenía en ese instante. Era yo misma, sin fingir. Yo, como Juana, deseaba que me amaran, deseaba que me amaran un minuto por el olor fétido que también despedía. Deseaba no tener qué fingir para que alguien me amara tan putrefacta y fea como ene realidad era. 

Ahora pueden comprender pro qué yo no hice nada cuando mató a mi novio o por qué yo la vestía y alimentaba... Juana era mi única amiga, Juana era la única persona que me amaba realmente... Juana podía ver más allá de mi, pero ese día corrí, corrí con mis teniss blancos. Corrí desenfrenada por la carretera con lágrimas en los ojos, corrí hacia una vida normal . No sabía por qué lloraba por que en realidad no me dolía la muerte de él ni lo que ella habia hecho, ni la casa que dejé. Me dolía correr despavorida lejos de mí misma ... me dolía volver a esconderme de mí.

3 comentarios:

  1. Hola Floris!!!

    Esto es una buena forma de comunicarnos, tras la cultura, literaturay filosofía de los diversos paises de habla hispana. En tu caso, no me causa sorpresa, lo bien que narras. Espero que entre las varias personas que estamos acá, como escritores tengamos más acercamiento.

    Un fuerte abrazo de Quino, desde el otro lado del charco.

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  2. hola, muy interesante el relato, intenso, el único detalle sería revisar la ortografía... ¡saludos!

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