jueves, 30 de junio de 2011

'Los perros y los lobos', de Irène Némirovsky.




Ada Sinner es una niña judía que vive con su padre, su abuelo, su tía y sus dos primos en una ciudad ucraniana. Si bien no son pobres, su vida no es especialmente fácil, por lo que Ada junto a su primo Ben pasará el día urdiendo ensoñaciones y tramando juegos imposibles. Sin embargo, la vida en el barrio judío tomará un cariz preocupante con las revoluciones bolcheviques y será entonces cuando Ada conozca a Harry Sinner, primo lejano, que vive ajeno a la vida del guetto desde su posición privilegiada como heredero de un imperio financiero. Sin embargo, este encuentro marcará a Ada y a Harry de manera indeleble.
Huyendo precisamente de esa vida difícil, Ada se trasladará con su tía y sus primos a París. Sin embargo, la vida en la capital francesa tampoco será lo que esperaban y Ada, con su particular personalidad, mezcla de ilusión infantil y pasión adulta, verá como la convivencia con su tía será cada vez más complicada. Y entonces, volverá a ver a Harry, ajeno a su mundo, que vive de fiesta en fiesta, y todo lo que una vez sintió por él, volverá a renacer. Mientras, la situación en casa se vuelve insostenible y Ben le propondrá una salida inesperada: casarse con él y mudarse lejos de su madre. Ada, a pesar de que no lo ama, aceptará.
Harry, mientras tanto, se habrá enamorado de una rica heredera francesa, guapa, rubia y católica, y su vida parece discurrir paralela a la de Ada. Ella, por su parte, dedica su vida a pintar, y si no es del todo feliz, al menos lo parece. Y sí, el tan ansiado reecuentro ocurrirá gracias a los cuadros de Ada, que parecen remover el interior de Harry y llevarlo hasta el pasado que vivieron juntos en Ucrania. A partir de aquí, sus mundos se trastocarán y la pasión lo contagiará todo hasta llegar a un final imprevisible e inesperado.
Como siempre sucede, leer a Irène Némirovsky es un placer. Tiene una forma de escribir adictiva, un extraordinario control y dominio sobre las palabras que me maravilla. Es increíble como es capaz de decir tantísimo en tan pocas palabras, como consigue transmitir tantas emociones en tan pocas páginas. Así, los personajes, por breve que sea su aparición, siempre están perfectamente caracterizados, vivos e independientes. Ada, Ben y Harry, el triángulo protagonista, viven presa de sus pasiones, y aunque parecidos, son diametralmente opuestos, como los perros y los lobos, precisamente. Mientras Ada vive de ensoñación en ensoñación, Harry se debate entre su vida cómoda y sus pasiones, y Ben siempre será el superviviente nato que siempre fue.
El París de los años veinte sirve de escaparate para una obra creada sobre los sentimientos, y entre todos ellos, las pasiones. Porque es la pasión lo que mueve a Ada, Harry y Ben. Es su carácter judío, expresado así por la autora, lo que les hace ser esclavos de sus sentimientos, como si todo lo tuvieran que vivir intensamente, contrastanto con el apacible sentir francés, lo que les llevará a ser siempre los otros, los extranjeros.
Son 224 páginas en las que se aborda de manera magistral sentimientos como el amor, el desarraigo, el dolor o la soledad. El amor platónico que da sentido a toda una vida, el amor pasional que precipita los acontecimientos, el amor fraternal que ahoga la convivencia. Judíos ricos y judíos pobres, todos extranjeros desarraigados en un París vibrante y colorido. Relaciones familiares complicadas, marcadas por la rivalidad y el dolor. Una historia tan bien escrita que casi te dan ganas de llorar cada vez que pasas una página.
Si ya me gustaba Irène Némirovsky, con ‘Los perros y los lobos’ no hago sino reafirmarme aún más en mi amor por esta autora. Curiosamente, precisamente esta novela fue la última que publicó en vida, y muchos años más tarde vuelve a ver la luz para enamorarnos a todos. La prosa de Némirovsky tiene algo especial, algo que te atenaza y te retuerce, algo que toca sin piedad tu interior y te obliga a sentir y a sufrir con los protagonistas, ya sea bajo la nieve ucraniana o en la primavera parisina. Un libro que recomendaré una y otra vez y, sin duda, uno de los mejores libros que he leído este año. Que felicidad saber que aún me quedan varios libros de esta autora por leer…
En el edificio miraban a Ada y Ben con desconfianza. Aquellos dos chicos que al parecer no sabían lo que era una comida caliente, un caldo, una sopa bien hecha, que hablaban una lengua extranjera y pasaban junto a uno a toda prisa y con los ojos bajos, como si le tuvieran miedo, eran… ¡bah, eran extranjeros! Sí, con eso estaba todo dicho. Seres errantes, sin raíces, inmigrantes, sospechosos. En general, la gente detestaba instintivamente a Ben y compadecía a Ada. Pero entre la vecina compasiva, que pensaba “pobre chica, sola todo el santo día”, y Ada, que sin que nadie lo supiera llevaba una vida medio alucinada, al margen de la real, también se abría un abismo de incomprensión que ninguna buena voluntad podía salvar.
Salamandra
Traducción: José Antonio Soriano Marco
224 páginas
ISBN: 9788498383584
15 euros

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