martes, 23 de agosto de 2011

El primer vagido del castellano.


Por Jorge Echeverri

De los lejanos días de la escuela me quedó el atavismo de la celebración del día del idioma español el 23 de abril. En ese día siempre hacíamos algo por inculcar el amor a este código lingüistico, medio de comunicación hoy para más de 400 millones de habitantes del incierto planeta tierra. Ya salidos de la escuela y metidos en Internet, encuentro lugares y campañas para que el español se consolide como uno de los idiomas principales de la red.

Pues bien, para seguir con la costumbre, en los alrededores de este 23 de abril de 1998, mi inquietud es: ¿Dónde y cuándo encontramos los primeros vestigios del español? Nos tenemos que referir a los testimonios escritos, sin poder determinar cuántos años o generaciones se necesitaron para que de la oralidad se trasladara al papel la primera oración que se pueda catalogar como propiamente española. Y sin posibilidad de conocer los ritmos de producción de la cultura de hace mil años, sí podemos afirmar que éste era lento, por lo que entre la escritura y la expresión popular pudieron transcurrir generaciones. Además, sólo retrospectivamente lo podemos percibir, porque no me imagino a ningún villano diciendo: hoy pronuncié mi primera frase en español. Pero me fui por las ramas.

Al primer interrogante la respuesta tiene consenso: San Millán de la Cogolla, norte de España, región de La Rioja. Monasterio Benedictino. El cuándo es más problemático, si se quiere fechar. Pequeño pueblo apacible, monasterio alejado del trasegar turístico, pero mina invaluable para los arqueólogos del idioma. En 1923 se estudiaron los primeros códices, con los cuales se afirma que el idioma tuvo su primera expresión escrita conocida a finales del siglo X o principios del XI.

Dice Martín Alonso (Evolución sintáctica del Español. Madrid: Aguilar, 1962): "Tanto en las anotaciones emilianenses (Glosas monacales de San Millán de la Cogolla conocidas como Glosas emilianenses ) como en las silenses (Glosas de Silos en Burgos) la huella del español se reduce a palabras sueltas o breves frases. Sólo una vez, en una de las glosas de San Millán hay un párrafo del que podemos decir que tiene ya morfología española y estructura sintáctica."

En un sermón de San Agustín (folio 70 r) un monje intercala al texto latino palabras arcáicas españolas tales como ... De repente aprienta la devoción dentro del pecho y, entusiasmado con la última frase latina, la amplifica hasta doce lineas cortas añadiendo a la traducción lo que le sale del alma. El primer vagido de nuestra lengua española que habla en frase seguida es una plegaria temblorosa y humilde".

Ramón Menéndez Pidal nos transcribe esas lineas (Orígenes del Español. Madrid: Espasa-Calpe, 1956):
 "Karissimi quotiens cumque ad eclesiam uel ad
sollemnitatem martirum conuenti fueritis.... adjubante
domino nostro Jhesu Christo cui est honor et jmperium
cum Patre et Spiritu Santo jn secula seculorum : Cono
aujtorio de nuestro dueno. dueno Xristo. dueno salbatore
qual dueno get. ena honore. e qual dueno tienet .ela
mandatjone. cono patre cono spiritu sancto enos sieculos.
de lo siecu los. facanos deus omnipotes tal serbitjio fere.
ke denante ela sua face gaudioso segamus. Amen"
La emoción de estar ante el primer escrito en Español se ha trastornado gracias a investigaciones posteriores en los códices,pero esa parte de la historia la dejamos para más adelante

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