sábado, 22 de octubre de 2011

Optimismo y confianza en el futuro del libro en la Feria de Fráncfort.




Tan absurda y espléndida como la artista Björk ven los expertos a la literatura islandesa, que es huésped de honor este año de la Feria del Libro de Fráncfort. «Del otro lado del mar está el mundo entero», reza el título de la escritora Auđur Jónsdóttir y así lo ven los autores de esta pequeña, largo tiempo aislada en los océanos, y no obstante curiosa literatura que se presenta al mundo armada de una cifra de ususarios envidiable: 8 libros por lector y año.
Bajo un escenario visual único y un larguísimo invierno, hierve unmundo islandés surrealsita de peligrosas nubes volcánicas, fogosas cantantes y aguas termales catapultadas a los aires. Pero este mundo aparte no parece haber perjudicado una creación artística o musical, ni menos limitado una poderosa capacidad narrativa, llena desagas y lírica, amor, venganzas y albatros que inspiraron al parecer a Tolkien.
Parece que en prácticamente ningún otro país del mundo se escriben y compran tantos libros, en números relativos a su densidad de población. Con poco más de 320.000 habitantes y apenas media familia por kilómetro cuadrado,400 autores y 40 editoriales están inscritos en la Asociación Islandesa de Escritores, lo que ofrece una «altísima densidad literaria», además de ballenas, volcanes y bancos cerrados.
Indridason, uno de los autores más famosos, ha dicho al inagurar que todo pueblo pequeño o grande tiene algo único que ofrecer: «una lengua distinta». Una lengua pequeña que tiene por hábito crear una nueva palabra para cada nuevo invento: ordenador se dice "tölva", a partir de "tala", que es número, y "völva", que es adivinadora.
El nombre del volcán Eyjafjallajökull es posiblemente una de las palabras más raras conocidas con mayor difusión internacional en los últimos años. «Hákarl» es la famosa carne de tiburón podrida y «Hrútspungar» las delicadas criadillas de carnero en leche agria.«Islandia tiene sólo una franja habitada al borde de la costa. El interior es desértico», ha recordado el director de la misión editorial islandesa, explicando la inmediatez entre naturaleza y civilización como abono del terreno literario

Islandia: mundo sin aborígenes

El autor de mayor éxito en los últimos quince años es el escritor de novela negra Arnaldur Indridason («El hombre del lago» y «La mujer de verde») y quien ha defendido, en la presentación islandesa en la mayor feria editorial del mundo, el mundo pequeño al que pertenece, como uno más de «un pueblo de recién llegados» a un lugar donde «aún nada tenía su nombre». Pues Islandia es uno de los raros territorios del mundo sin aborígenes previos, aunque a partir del siglo VIII ya se conocen visitas de algún monje irlandés, si bien sólo en verano. Hoy la mayor minoría cultural son los polacos.
El vértigo «a olvidar» podría rastrearse tras la necesidad constante «de hacer nuestra crónica de la historia». «Íslendingabók» es la obra más antigua de la literatura insular y fue creada en el siglo XII para describir la historia de un lugar sin nombre. En relación con ella ha sido creada hoy un sitio de internet en el que los ciudadanos pueden hallar rápidamente sus relaciones de parentesco entre sí y con la historia y desarrollo de la conquista vikinga.
«En el contexto europeo, la literatura islandesa permaneció, durante un largo período, alejada de un diálogo real con otros países, ni siquiera con las literaturas de lengua escandinava», ha explicado a la prensa el crítico literario y editor Kirstján Jónasson. De resultas, a mil kilómetros del continente se desarrolló un universo literario propio y, apenas en los años 80, los editores islandeses resolvieron por primera vez exportar literatura nacional.
Ello los puso por primera vez en la tesitura de discernir cuáles eran las particularidades de las obras de sus autores en el contexto internacional. «Y vimos que lo más especial eran las novelas, orientadas fuertemente a lo narrativo, escritas con gran placer por el relato y, a veces, incluso con un toque mágico», describe Jónasson. Islandia se reveló como un pequeño país de grandes contadores; pero menos por énfasis romántico, al decir de la crítica, como porque crecieron verdaderamente con la historia.
Pese a haber sido un país muy pobre hasta los años 50 pasados, en cambio habría sido desde sus comienzos un país rico en escritura, como lo prueban las sagas islandesas, que provienen del primer siglo tras la llegada y rescatadas ahora por autores como Einar Kárason con «Reconciliación y Rencor».
Pese a sus 2,5 millones de libros/año para sus 320.000 habitantes, Islandia no deja de ser una gran aldea, con no más de la población de la ciudad de Córdoba; por ello no sorprende que mucha gente se conozca enter sí, dice a los medios la autora Auđur Jónsdóttir, premiada novelista y dramaturga, que suele documentarse en la propia calle Laugavegur, central enReykjavik, «aquí escucho historias de vidas que me inspiran habitualmente».
Suya es «Del otro lado del mar está el mundo entero» pero pese a esa visión isleña insiste en que «cuando transpongo problemas globales a la pequeña Islandia, se vuelven maravillosamente absurdos. Nuestro país es como un pueblo chico, y los temas internacionales se vuelven, de algún modo, extraños». Tal vez como la crisis global que arrasó la hacienda pública de su país.
La lírica de la naturaleza compite con la novela urbana y como ejemplo Elíasson y Helgason. Las novelas poéticas y cuentos lúdicos de Gyrđir Elíasson, que ha recibido este año el Premio Literario del Consejo Nórdico, con la surrealista «Una ardilla itinerante», conviven con la corriente nacida en los años noventa de la novela descarnada urbana de Hallgrímur Helgason, como «101 Reykjavik».
Concentrados en la escritura y alejados de las corrientes y ferias mundanales, «muchos autores escriben poesía, libros infantiles y novelas, mezclando estilos pero también jugando con ellos», revela Jónsdóttir a la agencia Dpa. Los escritores, que de necesitarlo pueden pedir un sueldo estatal para escribir, no se atendrían a categorizaciones habituales, «no tenemos divisiones rígidas». Su propia novela «Del otro lado del mar...» puede ser a un tiempo social, identitaria y policial.
En pabellón nuevo, la LXIII Feria de Fráncfort abre sus puertas entre signos comerciales y estéticos nuevos, como la instalación gigante «Murmur Study», del estadounidenseChristopher P. Baker, y realizada con tiras de papel de ordenador con mensajes de Twitter, por no hablar de la marca automovilística patrocinadora.
El tono, optimista sobre todo entre los libreros alemanes, se mueve entre la transformación editorial en curso, por la digitalización y la convergencia mediática, y la convicción de que, con todo, el centro del negocio seguirá siendo el producto impreso, antes llamado libro.
Un seminario de editores, hace semanas, ha debatido en Fráncfort el futuro del libro en los próximos quince años, concluyendo que «el mercado del libro crecerá en ese período», según el presidente del gremio editor. También la librería clásica seguirá existiendo, pero aprendiendo a sacar partido del negocio digital, un sector en el que según los expertos «la piratería está corriendo más que el desarrollo del mercado legal». En la propia Alemania, con un sector digital del 1% del mercado, el 60% de las descargas de libros son ilegales.

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