domingo, 25 de diciembre de 2011

Nadie sanciona a quien viola precio único en libros.


    Editores, distribuidores y libreros hacen un balance de un punto nodal de la Ley del Libro, y coinciden en que es necesario hacer ajustes
GUADALAJARA, JALISCO (21/DIC/2011).- Ya pasaron 20 meses desde la promulgación de la Ley para el Fomento de la Lectura y el Libro en México, aprobada por el Congreso de la Unión el 23 de abril de 2010. Su aspecto central, y sin duda el más polémico, es la política establecida en el Capítulo VI, donde se señala que el editor o importador de libros fijará un precio único de venta del ejemplar que las librerías deberán respetar durante los primeros 18 meses de vida del libro. Esto con el objetivo de evitar los descuentos en las novedades por parte de las grandes cadenas libreras, y favorecer así el mantenimiento y apertura de pequeñas librerías independientes. 

De acuerdo con esta lógica, la competencia entre los establecimientos de venta de libros sería ya no por los precios, sino por el surtido y la calidad del servicio, lo que permitiría un aumento y expansión en los puntos de venta e idealmente fomentaría el incremento de los índices de lectura con el tiempo. 

Sin embargo, la realidad ha sido distinta. Diversos  actores de la industria –léase editoriales, distribuidores y libreros— dicen sentirse afectados negativamente con esta disposición y parece existir un acuerdo tácito acerca de la necesidad de hacer una revisión de la ley para corregir sus numerosos vacíos. 

Según Roberto Banchic, Director de Random House Mondadori México, la intención de la Ley del Libro es buena, lo que se puede intuir al verificar que una buena cantidad de países la han implementado, entre ellos Alemania, Argentina, Austria, España, Francia, Grecia, Japón, Noruega, Países Bajos, Portugal y Suiza.   

“En otras partes del mundo sí permitió que muchísimas librerías de barrio o de pequeños pueblos no desaparecieran” comentó Banchic, sin embargo “en México esta ley nació complicada, pues por alguna razón los legisladores decidieron que el precio único sólo se aplicaría en las novedades, es decir, durante los primeros 18 meses de la publicación de un libro. Eso no pasa en ninguna parte del mundo donde existe esta ley: o (todos) los libros tienen un precio único o no”. 

Ausencia de sanciones


Otra de las grandes limitaciones, como lo afirman editores y libreros, es el hecho de que la ley no contempla sanciones para aquellos que no cumplan con lo establecido en el reglamento. 

“Nosotros apoyamos la ley desde su creación y nos mantenemos en la legalidad”, afirmó la gerente de librerías Gandhi Guadalajara, Judith Venegas, “pero sí hemos sido de las empresas perjudicadas por cumplir con las fechas y los lineamientos, y nos hemos encontrado con librerías que no hacen lo mismo”. 

Venegas señaló por ejemplo, que durante el llamado Buen Fin distintas librerías de la ciudad ofrecieron descuentos, cosa que no hizo Gandhi: “y no hay penalización. Lo más que hacen las editoriales es dejar de venderles sus novedades por un tiempo”.

Roberto Banchic confirmó el hecho de que las editoriales se han visto obligadas a fungir como vigilantes: “cuando veo que una librería pone una novedad mía con descuento hablo con ellos y hago que respeten la ley, pero también pasa que los libreros se acusan entre ellos”, dijo, pues lo que contempla el reglamento es que si los consumidores encuentran un libro más barato se pueden quejar ante la Profeco, “lo cual resulta bastante absurdo ¿quién se va a quejar?”. 

Directo al bolsillo del lector


Esa “afectación” al consumidor, de acuerdo con una de las posiciones, como resultado de su exclusión del beneficio que representa la libre competencia entre empresas, fue uno de los argumentos que llevó al entonces Presidente Vicente Fox Quezada a vetar esta ley en 2006, no obstante ya había sido aprobada por ambas cámaras legislativas. 

Entre otros puntos que el Ejecutivo defendió, igual que lo siguen haciendo quienes se oponen del todo a su aplicación (como la cadena Costco y Librerías Porrúa), se encuentra la afectación a los libreros por limitar sus opciones para actuar de una manera competitiva, así como la falta de consideración respecto a los costos de transporte en el territorio nacional, lo que perjudica sobre todo a los distribuidores. Si bien el espíritu de la Ley del Libro es que las grandes cadenas no se coman a las pequeñas librerías.

Uno de los más importantes en México es Colofón, quien distribuye sellos como Anagrama, Siruela, Acantilado, entre otros. Entrevistado en el marco de la Feria Internacional del Libro 2011, su director general, Ramón Cifuentes, expresó que considera a la ley del libro como una pésima medida, ya que se ha bajado su venta en la cantidad de unidades: “Si anteriormente vendías mil unidades, ahora vendes 800 o 700, y los únicos que ganan son las editoriales porque fijan los precios y los libreros porque no dan descuentos”.

Judith Venegas, sin embargo, no considera que su sucursal se haya visto beneficiada. Por el contrario, el comportamiento que describe Cifuentes con las librerías sucede también a escala del lector: “sí ha repercutido con relación a la venta de libros porque al tener el precio único, los libros se fueron al precio de lista, que es el caro: si antes mis clientes se llevaban 3 o 4 libros de novedades, ahora nada más se llevan uno”, afirmó. 

En lo que están de acuerdo tanto Venegas como Cifuentes y Banchic, es en que el principal afectado con el reglamento del Precio Único del Libro es el consumidor final, al ya no tener acceso a los descuentos. 

“Con la intención de poner al alcance del lector más librerías y más libros, se descuidó la parte del costo, y creo que en una situación de crisis como la que vivimos pega mucho en el bolsillo del lector”, dijo la gerente de Gandhi, quien añadió que la percepción general de sus clientes es que los libros están muy caros. 

Pequeñas librerías
Como dueña y representante de una pequeña librería para niños llamada Leelefante, Tessie Solinís afirmó que, aunque está consciente que los establecimientos independientes como el suyo son los supuestos beneficiarios de la política del precio único, para ella no es del todo claro de qué manera sucede esto, y también considera que en la mayoría de los casos la ley no se cumple. 

“Nosotros tratamos de respetar el precio único en las novedades de las editoriales cuando así nos lo hacen saber, pero es complicado porque tenemos ciertos costos o pagos que realizar e incluso a veces tenemos que subir el precio”, afirmó.   

Añadió que, al ser una librería infantil, es más importante que el lugar sea “encantador” para que el niño quiera ir, elegir un libro, y los padres quieran pagarlo. “Yo creo que si el consumidor está consciente que la librería no sólo es un lugar donde los libros están apilados, sino un lugar para tener una experiencia distinta, agradable, gozosa, y donde hay un surtido variado, puede entender que en algunos casos el libro puede estar un poco más caro”.

Otro caso de librería pequeña que recordó Judith Venegas de Gandhi, fue el de su ex vecina Librerías de Cristal, que en este año se vio obligada a cerrar sus puertas: “entonces unos se pregunta: ‘¿qué pasó con la ley que iba a impulsar a los pequeños negocios para que no cerraran y para que hubiera más?’ Yo creo que no se ha logrado”, expresó Venegas.  

Descentralización del libro


Otro de los objetivos iniciales de la Ley, fue combatir la concentración de puntos de venta de libros, ya que un 40% de las librerías de todo el país están ubicadas en la Ciudad de México, mientras que la mitad de los estados cuenta con apenas una o dos. 

En este sentido, el director general de Santillana, Carlos Ramírez Vilela, consideró que la medida es positiva, ya que permitirá la creación de nuevas librerías en ciudades del país, que en algunos casos, tienen más de un millón de habitantes y ningún establecimiento de este tipo. 

“En la promoción de la lectura está el gobierno, la iniciativa privada, las escuelas, y las editoriales debemos unirnos a ese esfuerzo”, dijo Ramírez Vilela y añadió que, si bien Santillana no se ha visto particularmente afectada o beneficiada por la ley del precio único, la medida es positiva para la sociedad en conjunto. 

En lo anterior está de acuerdo Victórico Albores, Presidente de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), quien ha expresado en diversas ocasiones que el precio único beneficiará a toda la cadena productiva de la industria editorial, aunque hasta ahora el principal problema de su aplicación es la falta de sanciones para aquellos que no respeten la medida.

PARA SABER
Novedades de año medio


* De acuerdo con el artículo 17, “el precio único de venta al público tendrá una vigencia de 18 meses contados a partir de la fecha de edición o importación del libro de que se trate”.

* El artículo 23 de la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro indica la creación de una base de datos disponible para consulta pública en la cual se registre el precio de los libros editados o importados al país. De ahí surge el Sistema de Registro del Precio Único de Venta al Público.

* El artículo 26 de la Ley establece que los vendedores de libros podrán aplicar precios inferiores de venta al público cuando se trate de libros editados o importados con más de 18 meses de anterioridad, así como de libros antiguos, usados, descatalogados, agotados y artesanales.

* El reglamento del precio único también aplica para los libros electrónicos.

EL DATO
El precio

* Si el lector está interesado en conocer el precio de venta de algún libro y su vigencia como novedad, puede ingresar al Sistema de Registro del Precio Único de Venta al Público de los Libros , una base de datos abierta al público que concentra los precios de los libros editados en el país o importados. 

* La operación y administración de este sistema está a cargo del Consejo Nacional de Fomento para el Libro y la Lectura.

www.https://spl.conaculta.gob.mx/


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