lunes, 28 de mayo de 2012

La génisis del cuento, según Parra

GUADALAJARA, JALISCO  (24/MAY/2012).- Una idea y luego otra, todas como balas al aire, sin un destino. Los disparos duran unos minutos hasta que el escritor Eduardo Antonio Parra (Guanajuato, 1965) encuentra el blanco: la génesis del cuento. El escritor suspira, pues halló el tema que lleva a los 12 participantes -nueve hombres y tres mujeres- del taller a tomar nota en hojas sueltas, cuadernos y molaskines.

Pasaron 30 minutos para que Parra se sintiera en confianza con su grupo, uno de "no principiantes", como dice el autor ganador del Premio de Cuento Juan Rulfo 2000 con Nadie los vio salir. Los escuchas son editores, escritores, correctores, gestores culturales y traductores. No hay estudiantes ni adolescentes. Todos son adultos, cuyas actitudes en los primeros minutos del taller son las de expertos o las de hombres y mujeres fastidiados por una tarde calurosa, en un salón de clases, que parece una sala por su candil, típico de las casas eclécticas de principios del siglo XX. 

Hay dos ventiladores, pero no son suficientes. De ahí que Parra recurra a la técnica de beber café, aunque comenta que vivió en Monterrey, donde la temperatura máxima puede superar los 43 grados centígrados. 

Parra pregunta a los asistentes, quienes evaden mirarse a los ojos: ¿Cómo empezar y terminar las historias? No hay respuesta. 

"Tener claro el final", expresa Parra, quien dice que ahí está el secreto del cuento, cuya génesis, puede ser.... "Una imagen", expresa Sergio Quimor, escritor, inscrito al taller que comenzó el miércoles y concluirá este viernes, en las instalaciones de la coordinación de Artes escénicas y Literatura de la Universidad de Guadalajara (UdeG). 

El tallerista sonríe: una pequeña victoria. "Sí, también. O en las frases", dice al autor, quien recuerda el principio de los cuentos del jalisciense, Juan Rulfo. Los asistentes no apuntan el tip en sus cuadernos. 

"Hay que vestir una frase", expresa Parra, quien dice que no hay posibilidad para la inspiración ni para la originalidad: "Hay que saquear los libros, robarse las ideas y las estructuras". 

Son las 19:20 horas, el calor comienza a ceder y es tiempo para un descanso. Los participantes se dispersan, algunos van al baño, otros por agua y unos más a fumar. 

Los grupos se forman. El escritor, quien también fuma, tiene sus escuchas, entre ellos el editor Jorge Pérez. Las mujeres del taller - la gestora Lourdes González, la correctora Nayelli Zaragoza y la traductora Françoise Roy- no son parte de las llamadas "bolitas", ellas esperan la clase. 

El receso concluye y el autor sigue su taller con una recomendación literaria: la novela Berlín Alexanderplatz, de Alfred Döblin. Jorge Pérez no toma nota, sólo escucha, tampoco nuestra interés por el libro que acompaña a Parra, Los cuentos de una vida, de Sergio Pitol, donde se encuentra una obra de Henry James, "no suele ser emocionante, el cabrón", expresa el escritor guanajuatense. 

Otra recomendación, que también ignora Jorge Pérez, es La angustia de las influencias, de Harold Bloom. Sin embargo, cuando escucha el nombre del escritor michoacano, Xavier Vargas Pardo, rápido toma nota. 

Poco a poco, el taller deja de serlo para convertirse en una charla, donde Parra comparte sus experiencias como jurado de concursos de cuentos, como escritor, como lector y como crítico. 

"El cuento goza de buena salud en México, aunque no es bien visto por las editoriales -ya que la apuesta está en novela-. Al menos no son poetas", expresa el tallerista. Este comentario provoca la risa de los participantes que sí anotan algunas recomendaciones para pasar los primeros filtros en los certámenes literarios. 

De tarea, las lecturas como la del cuento Una rosa para Emily, de William Faulkner. Parra concluye la sesión y algunas se quedan a escucharlo un rato más. 

EL INFORMADOR / MAYRA TORRES DE LA O

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