sábado, 20 de octubre de 2012

Fallece Jordi Castellanos, historiador de la literatura catalana.




Del Modernismo a Pere Calders, pasando por Verdaguer y Joaquím Ruyra, entre otros, o la creación de la revista Els Marges. Ese abanico impresionante de las letras catalanas, que sistematizó y ordenó, es el que abrazaba la ingente capacidad de trabajo del catedrático e historiador de la literatura Catalana Jordi Castellanos, conocimientos que transmitió con tanta pasión como rigor, a nivel individual como promoviendo equipos de trabajo. Ese legado es el que queda tras su fallecimiento esta madrugada, a los 66 años, como consecuencia de un tumor cerebral. El tanatorio de Collserola acogerá mañana sábado, alas 13.15 horas, la ceremonia de despedida
Su vida fue tan apasionada e intensa como esos estudios. Nacido en Tagament en 1946 en una familia catalanista y católica, esta última vertiente le marcó hasta el extremo de empezar sus estudios como seminarista, sendero que finalmente abandonó para saltar a la que sería su auténtica vocación, la literatura. Fue en la Universidad de Barcelona donde, de la mano de las letras vino también un periodo de militancia política que pasó básicamente por el Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Barcelona (SEDUB) y el Front Nacional de Catalunya.
Pero la fuerza de la llamada literaria sería tal que tanto política como universidad quedaron casi en un segundo plano ante la posibilidad de formar parte del equipo que confeccionaba las entradas de Lengua de la futura Gran Enciclopèdia Catalana. El afán de rigor de Castellanos ya se dejó entrever entonces cuando, para prepararse para la labor, empezó a leerse las Converses filològiques de Pompeu Fabra. Las utilizó relativamente poco porque acabó en la sección de Literatura, donde se encontró con Josep Maria Benet i Jornet, Joan-Lluis Marfany y, especialmente, Joaquim Molas, de quien además acabaría asistiendo a las clases que hacía semiclandestinamente en los Estudis Universitaris Catalans. “Para mi, todo eso fue una formación impresionante”, admitía el propio Castellanos hace apenas cinco meses en una entrevista enL’Avenç.
Una pequeña estancia en Inglaterra en 1970 una vez acabada la carrera le permitió ultimar su tesis sobre Raimon Casellas y el Modernismo (que en 1983 dio pie a un libro con ese título), movimiento del que se acabó convirtiéndose en uno de los grandes especialistas, fijando las corrientes estéticas de la época y revalorizando sus autores y su peso en la historia de las letras catalanas.
Su afán en este ámbito era tal que en 1974 le llevó a fundar, junto a Josep Murgades, la publicación de significativa cabecera Els Marges, revista de llengua i literatura, capital por su rigor, combatividad y algunos de sus manifiestos, como Una nació sense estat, un poble sense llengua?, de 1979. Ya había iniciado su trayectoria como profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde desarrolló toda su carrera docente, preocupado siempre por preparar al milímetro sus clases, que demandaban, así lo entendía, un notable proceso de investigación.
Desde la cátedra de literatura catalana, y tras ir cultivando una notable bibliografía con títulos como Antologia de la poesia modernista (1990),Literatura, vides, ciutats (1997) i Intel·lectuals, cultura i poder. Entre el Modernisme i el Noucentisme (1998), se dedicó a impulsar grupos de investigación sobre narrativa y novela contemporánea. Entre ellos, uno sobre Pere Calders conjuntamente con el Institut d’Estudis Catalans, del que era miembro desde 2003. De Calders comisarió en 2000 quizá la mejor exposición dedicada al escritor y que acogió el Centre de Cultura Contemporánea de Barcelona.
Asesor en editoriales y entidades de toda condición, como el Teatre Nacional de Catalunya, Castellanos mantuvo siempre una actitud muy clara en relación a la situación del catalán y el castellano en Cataluña, una mirada, decía, marcada por su visión marxista del mercado. “La cultura en lengua castellana está hoy profundamente arraigada en Cataluña y, por ello, no se puede prescindir, pero a menudo tiene más vocación de integración en la cultura española que no en la que se produce en el marco social en catalán. El bilingüismo comporta siempre un proceso de sustitución de una lengua más poderosa sobre otra. La literatura catalana y la castellana en Cataluña se mueven en dinámicas nacionales muy diferentes”.
También era muy consciente de estar viendo unos tiempos de cultura líquida, “que se nos está deshaciendo en las manos. Pero soy de los 60 y aún defiendo una determinada visión de la cultura, pienso que ha de dejar algún poso”. Él lo ha hecho.

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