miércoles, 10 de octubre de 2012

“Hablar de orgasmo en la tele fue una minirrevolución”.




En esta terraza de Lavapiés sirven, por defecto, una especie de láminas de pan crujiente y una salsa verde fluorescente. La idea original era ir a un bar cercano, pero aún no estaba abierto. El escritor y periodista polaco Mariusz Szczygiel pide un café “lo más fuerte posible” al camarero del restaurante indio que atiende las mesas. Lo mismo para sus dos acompañantes polacos, que hacen de traductores. Nadie toca el pan ni la salsa, y no parece que haya opción de pedir galletas o tarta.
Szczygiel se hizo conocido fuera de Polonia cuando en 2009 recibió el Premio del Libro Europeo por Gottland, una audaz colección de reportajes literarios en los que la maquinaria comunista de la antigua Checoslovaquia atraviesa radicalmente las vidas de los protagonistas y los coloca en situaciones retorcidas, en ocasiones absurdas hasta la risa. La risa que puede producir lo siniestro.
Los archivos de los servicios secretos checos le revelan a una mujer 20 años más tarde que dos de sus amores de juventud eran, en realidad, confidentes y que contaban a la policía del régimen detalles de su vida privada. Una periodista a la que obligan a ser bibliotecaria —miles de profesionales fueron forzados a abandonar su trabajo y se les asignaban otros— acude a un psiquiátrico con frecuencia solo porque es el único sitio donde se puede hablar libremente.
La verdad es como el culo, cada uno se sienta sobre el suyo"
De los que sobrevivieron —y del precio que pagaron por ello— y de algunos que sucumbieron al delirio del sistema habla Szczygiel en sus historias, contadas, como él dice, “como un streaptease: primero un guante, otro... voy desvelando el material como en una novela policíaca”. Durante cinco años investigó en archivos, entrevistó a los personajes o a sus familias, hurgó en libros y compuso un retrato social sin juicios, sin héroes, crudo y, a veces, inverosímil. “Todo lo que he escrito es cierto. En el siglo XX pasaron tantas cosas que no hace falta inventar nada”, explica Szczygiel, de paso por Madrid hacia Segovia para presentar el libro, editado en España por Acantilado, en el Hay Festival.
El libro de Szczygiel no se ciñe solo al pasado. Usa el hilo de la memoria de sus protagonistas, donde se cruzan las verdades personales y las colectivas. “Estoy a favor de la psicoterapia. Hace siete años me sometí a una y creo que sería otro hombre y otro autor sin ella, así que para la sociedad también es provechoso. Hay que hablar. En el libro cuento cómo los checos nunca me respondían sobre su experiencia del comunismo en primera persona: algo pasó, algo ocurrió, pero no fui yo o no fuimos nosotros. Sobre la verdad, voy a citar al expresidente polaco Lech Walesa: “La verdad es como el culo, cada uno se sienta sobre el suyo. Y estoy muy de acuerdo”.
La Wikipedia dice de Szczygiel que es el autor de Gottland. E inmediatamente después, informa de que fue la primera persona en Polonia que pronunció la palabra orgasmo en televisión. El periodista —que ahora está de excedencia de la Gazeta Wyborcza, el diario polaco más importante— suelta una carcajada. “En el comunismo, la gente normal no podía entrar en un plató y hablar de su vida. Fue en julio de 1995. Yo presentaba un talk show con gente corriente hablando de cosas corrientes, y el orgasmo forma parte de la vida”, cuenta. “También hablaron mujeres maltratadas y por primera vez se vio en la tele cómo se ponía un condón, para lo que usamos un plátano. No estaban acostumbrados a que se dijera la verdad en la tele ni a que se hablara de estos temas, fue una pequeña revolución”.

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