jueves, 25 de octubre de 2012

Marías dice “no quiero” a Cultura.




Lo había dicho y escrito en varias ocasiones: “No recibiré ningún premio institucional”. Solo le faltaba a Javier Marías cumplir con su palabra. Y ayer lo hizo. Al escritor y académico de la RAE, la noticia de que había ganado el Premio Nacional de Narrativa por su novela Los enamoramientos (Alfaguara) no le cayó demasiado bien. O le cayó a la perfección para eso, para cumplir con lo dicho y escrito. Consecuencia lógica de todo ello, rechazó educada pero tajantemente el galardón,concedido por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y con una cuantía económica de 20.000 euros que, ahora, se quedarán en la necesitada hucha ministerial.
“Durante todo este tiempo he esquivado a las instituciones del Estado, independientemente de qué partido gobernara, y he rechazado toda remuneración que procediera del erario público”, afirmó el escritor y académico ante medio centenar de periodistas en el Círculo de Bellas Artes. Una decisión coherente con otras, porque este año el escritor ya rechazó uno que estaba dotado con 15.000 euros, aunque no reveló cuál. E hizo otra confesión: una vez pidió a sus colegas académicos de la RAE que barajaban su nombre como candidato al Premio Cervantes que no lo hicieran. Y cuando uno de los tomos de su trilogía Tu rostro mañana sonó para el Nacional de Narrativa le dijo a su editora que no lo recibiría.
El revuelo causado por la decisión de ayer en todos los medios de comunicación y en las redes sociales sorprendió a Marías (Madrid, 1951). El autor recalcó que agradecía al jurado la gentileza de otorgarle el premio y que no quería que su postura fuera tomada “como un feo o un agravio”.
“No quiero ser visto como un autor favorecido por este o aquel Gobierno”
Sin embargo, varios miembros del jurado se mostraron sorprendidos por la decisión. Marcos Giralt Torrente, ganador del premio el año pasado por su libro Tiempo de vida explicó a este diario: “Con esto Marías contribuye a devaluar uno de los pocos premios que, con equivocaciones o aciertos, no están vinculados a en España a intereses editoriales”.
El autor de Los enamoramientos explicó que, para él, aceptar un premio oficial sería “una sinvergonzonería, cuando he estado tantos años diciendo que no lo recibiría y que no quiero prestarme a estar involucrado en cualquier tipo de sospecha o de recibir favores”.
Preguntado sobre si había algún motivo político en su postura, Marías, quien en sus columnas se ha mostrado extremadamente crítico con la gestión económica, social y cultural del gobierno de Rajoy, dijo: “No exactamente. Mi postura viene de antiguo y no tiene que ver con quién gobierne. El Estado no tiene que darme nada por ejercer mi tarea de escritor que es algo que he elegido yo por propia iniciativa”. Apareció, entonces, otro motivo, seguro que más personal: su padre. El hecho de que el escritor y ensayista Julián Marías, que falleció a los 91 años, nunca recibió ningún premio. Marías hijo considera que no debe ni puede recibirlo él tampoco.
La posibilidad de que Javier Marías rechazara el Nacional de Narrativa ya había sobrevolado por la mañana la reunión de los 11 miembros del jurado. “Todo el mundo dio por supuesto que lo aceptaría, pero alguien preguntó qué pasaría si no era así”, señaló uno de los jueces del galardón. La respuesta llegó de parte de las dos representantes de Cultura (que cuenta con voz, pero sin voto): “Marías sólo rechaza los viajes subvencionados”. Se trataba de la presidenta del jurado —la directora general de Políticas e Industrias Culturales y del Libro, Teresa Lizaranzu—, y de la vicepresidenta —la subdirectora general de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas, Mónica Fernández—. Poco antes del mediodía, la novela de Javier Marías ganaba por mayoría.
Los delegados del Ministerio pidieron no divulgar la noticia y esperar un par de horas, para dar tiempo a comunicar al ganador e informar al ministro José Ignacio Wert. Pero poco antes de la una de la tarde EL PAÍS dio la exclusiva en su edición digital. Luego, antes de la hora de la comida, una delegada del ministerio habló con Marías, quien le explicó los motivos por los cuáles declinaba el premio.
Hacia las cinco y media de la tarde, Javier Marías salió de su casa en el centro de Madrid y fue andando hasta el Círculo de Bellas Artes, donde contó la alegría y la pena por no aceptar el premio. Una hora después, la sala quedó vacía y ante la pregunta de este diario sobre si su decisión de ayer podía ser negativa para posibles nuevos premios internacionales, Marías insistió en que no porque su posición era solo sobre España. ¿Y el Nobel, donde su nombre suele aparecer en las quinielas y apuestas? “La Academia sueca, que yo sepa, no tiene ningún motivo para concederme el premio. Y no tengo que preocuparme por algo que no va a suceder”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario