miércoles, 10 de octubre de 2012

“Nadie es normal”.



“No creo que haya nadie que sea normal”. A partir de esta premisa, el escritor noruego Ingvar Ambjørnsen construyó en seis meses y “sin planearlo” a Elling, un hombre que en la madurez se enfrentará al complicado reto de salir de la casa de su madre tras cuarenta años de cálido resguardo. Lo que se encuentra tras pasar el felpudo se relata enElling, hermanos de sangre, la segunda entrega de la tetralogía que Ambjørnsen terminó hace una década y que llega ahora a España de la mano de Nørdica Libros.
Radiólogo de outsiders, el escritor en esta entrega hace del anecdotario que viven Elling y su compañero de piso Kjell Born tras pasar del internamiento en un centro noruego –del que se desconoce su función- a un piso tutelado, un tratado sobre la voluntad de salir adelante de dos exploradores de un mundo desconocido. “Suelo escribir sobre la amistad pero no sobre el amor. Siempre intento hacerlo con el corazón, con el instinto, lo que llamo los personajes que salen de mi nariz”, cuenta al otro lado del teléfono.
Suelo escribir sobre la amistad pero no sobre el amor. Siempre intento hacerlo con el corazón, con el instinto, lo que llamo los personajes que salen de mi nariz
Su empeño persistente en convertir en hostilidad cada supuesta amenaza que se encuentran por el camino, acaba traduciéndose en una retahíla de pequeñas victorias que atrae como un imán a nuevos personajes a su universo. Igual de peligroso es intercambiar dos palabras con la cajera del supermercado, que rescatar a una vecina ebria y embarazada o tomar un vino con un viejo poeta. La incorporación de una mujer a ese microcosmos hipermasculino de un piso de la zona noble de Oslo y la guía de un escritor, irán medrando el carácter y comportamiento de los protagonistas. Hasta tal punto que cualquier digresión termina por ser reflejo. “Es un personaje universal en el que todo el mundo reconoce algo de sí mismo”, descifra parte del éxito de su criatura el autor. “Lo que no voy a contar es mi truco para evitar que la gente sienta compasión por los personajes”.
Entre poco y nada se descubre en este segundo capítulo del pasado de Elling. De su patológica obsesión por evitar el contacto con los demás o de dar una explicación apocalíptica a cada acontecimiento. “No me interesa ofrecer un diagnóstico psicológico, hubiera sido un error, algo así como encerrar a Elling y sus historias en una jaula”, dice con contundencia el escritor. Aunque al mismo tiempo, Ambjørnsen es consciente de que la conversión en universal de su hijo literario ha suscitado en el norte de Europa, en especial en Alemania y Noruega, todo un debate entre psicólogos y psiquiatras. “Soy el padre de Elling, no quiero saber nada”, ríe al ser interpelado.
Es un personaje universal en el que todo el mundo reconoce algo de sí mismo
Adaptada al teatro y luego al cine (estuvo a las puertas de los Oscar) por Axel Hellstenius y Petter Naes,Elling, hermanos de sangre es además un canto al optimismo en tiempos en que esta actitud se enclaustra en la pena de terminar siendo tratado como un ciego o ingenuo lelo. “Elling no volverá, pero eso no significa que cada día esté presente”, comenta Ambjørnsen. “En su simplicidad reside su éxito”.

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