jueves, 15 de noviembre de 2012

La deuda del Boom con el mestizaje.




El momento feliz de la literatura latinoamericana en los años sesenta, bautizado como Boom, no es fruto del azar sino de la coincidencia de varios factores, entre ellos, y en gran medida, al mestizaje del lenguaje desde los tiempos de la conquista hasta de los escritores que lo precedieron, pasando por Rubén Darío, como gran renovador y mezclador del idioma. Así lo recordó el poeta José Manuel Caballero Bonald durante la clausura del Congreso El canon del Boom, organizado por la Cátedra Vargas Llosa y Acción Cultural Española, celebrado esta semana en Casa de América, de Madrid, y siete universidades del país. Para el poeta, “la pureza es la antítesis del lenguaje vivificante”.
Han sido cinco días en los que 46 escritores de América Latina y España han comprobado en sus diferentes conferencias, debates y coloquios, el legado y el valor de clásicos contemporáneos de muchos de ese grupo de autores dispares en estilos y generaciones, como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Juan Carlos Onetti, José Donoso, José Lezama Lima, Julio Ramón Ribeyro, Guillermo Cabrera Infante, Manuel Puig…
Desde el primer momento, las palabras de Caballero Bonald invitaron a echar la vista atrás. Rescataron las raíces de esa floración literaria que ensanchó el idioma y recordó el mundo sin fronteras del idioma español y la importancia de enfrentarse a él sin temores, sin prejuicios.
Empezó por el pasado más reciente a los años sesenta. Reivindicó la calidad de los autores de las décadas anteriores como Juan Rulfo, Jorge Luis Borges, Alejo Carpentier, Miguel Ángel Asturias, Octavio Paz, Rómulo Gallegos, César Vallejo, Macedonio Fernández, José Eustacio Rivera, Horacio Quiroga, Macedonio Fernández o Pablo Neruda. Es más, Caballero Bonald se preguntó qué hubiera pasado si varios de ellos hubieran compartido amistad y editoriales, como ocurrió en los años sesenta con los del boom. Y, a medida que formulaba la pregunta, la respuesta estaba en la mente de todos hasta que el poeta español la verbalizó: “Se hubiera producido una especie de pre-boom”.
Ese es el linaje directo del que procede ese admirado brote literario en Latinoamérica que luego reverbera en España en “una insólita e imprevista coincidencia de obras en oleadas consecutivas”.
Por eso, Caballero Bonald comparte la tesis del policentrismo. “Todos los que hablamos español somos copropietarios de ese bien común que es la pluralidad del idioma y sus variantes”. La literatura escrita en español, según el poeta, pertenece a un condominio cultural. Aparecen, entonces, las palabras del antropólogo Fernando Ortiz que denominó a toda aquella transculturación. Una riqueza de vasos comunicantes que dan a la palabra Mestizaje un sentido más allá del clásico “mezcla de razas” y que está en contra del purismo léxico, “porque eso conduce al estancamiento”. Es más, Caballero Bonald considera que aquellos que se oponen al mestizaje lingüístico son una especie de racistas del lenguaje.
“Estoy en contra del inmovilismo”, dijo en varias ocasiones el poeta. Gracias a todo eso la literatura del boom convirtió en universal el lenguaje latinoamericano. “Esos autores supieron transmutar en lenguaje literario el lenguaje local”. Un legado que continúa en autores, según, Caballero Bonald, como Fernando Vallejo, Roberto Bolaño, Juan Villoro, Jorge Volpi, Santiago Roncagliolo, Juan Gabriel Vásquez…

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