domingo, 23 de diciembre de 2012

Cómo gozar de la vida sin deseo.




Vicente Gallego ha escrito algunos de los versos más bellos de su generación. Y ahora acaba de publicar algunas de las páginas más sorprendentes de su trayectoria. No se trata de un nuevo poemario del Premio Nacional de la Crítica (y Loewe) por Santa deriva, sino de un ensayo sobre “las diferentes tradiciones sapienciales de la humanidad”, explica el escritor de 49 años. El budismo, el taoísmo, los presocráticos, el cristianismo, el islam, el vedanta (escuela filosófica dentro del hinduismo), y también textos de Cervantes, T. S. Elliot o Whitman son objetos de reflexión en Contra toda creencia (Kairós). El autor, y funcionario de un vertedero en Valencia, aconseja su lectura a todo aquel que “haya tocado el fondo de sus desengaños y esté ansioso por iniciar la aventura de dar consigo en su cumplida desnudez”.
'Contra toda creencia' reflexiona sobre el taoísmo, el budismo o el islam
Gallego tocó fondo hace unos años. Estuvo “inmerso en una búsqueda espiritual” y salió de ella “liberado” y con ganas de compartirla. “Tuve una experiencia radical al darme cuenta de la absoluta inexistencia de mi persona. Vicente Gallego no es más que un pensamiento errático, cada uno me ve de manera diferente. Cuando uno descubre su inexistencia, deja de abrigar todo tipo de contradicciones. No hay necesidad de autoafirmarse, de imponerse a los demás. Solo cuando vivimos en desnudez vivimos en paz. La muerte está aquí y ahora”, apunta el poeta, de expresión acogedora y cuerpo enjuto y tatuado.
¿Y qué fue del Gallego vitalista, cortador de pinos, poeta de la experiencia y del disfrute de la vida? “Sigue ahí. Sigo siendo un gozador de la vida, de la carne, pero ya no hay en mí contradicción, ni deseo, lo cual incluye gozar de todos los deseos y ver que todos ellos no son más que la vacuidad última del ser. La comprensión de la realidad es una afirmación de todo desde el vacío”, sostiene el escritor, que ha publicado también el poemario Mundo dentro del claro (Tusquets).
Compañero de generación e íntimo del poeta Carlos Marzal, ambos hijos literarios del maestro Francisco Brines, Gallego admite que su cambio de registro ha suscitado cierta perplejidad entre sus amistades: “Sin embargo, la grandeza de la amistad es que los amigos se aceptan cordialmente. Ellos no necesitan convencerme de nada y yo tampoco a ellos”.
En Contra toda creencia también se cita a muchos poetas, porque “el oficio del poeta siempre ha dirigido la atención a la voz de la madre conciencia”. “Juan Ramón Jiménez habla de la unidad de conciencia en ese himno maravilloso que es Dios deseado y deseante. También está Cervantes con el ‘¡conócete a ti mismo!’ que le recomendó Quijote a Sancho...”. Gallego se lanza entonces a recitar el pasaje: “Has de poner los ojos en quién eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse...”. Todo está escrito con registro literario en su ensayo.

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