miércoles, 5 de diciembre de 2012

Raúl Zurita, sin clichés poéticos.




    El poeta chileno hace un recuento de aquel golpe militar que lo acompañó en su inspiración dolorosa, de noche y de día
GUADALAJARA, JALISCO (02/DIC/2012).- Raúl Zurita no es un poeta. Es un empresario de las palabras, del sentimiento hecho texto. Ya lo dijo el poeta mexicano Margarito Cuéllar, la más reciente obra del chileno "Zurita", no es un libro de poesía más allá del artefacto de papel. Zurita es "un proyecto de vida", el sinónimo de la "ética de la poesía".

Así comenzó la lectura de "Zurita", la recopilación demás de 700 páginas que muestran las entrañas literarias del poeta chileno, que en esta 26ª Feria Internacional del Libro en Guadalajara, dotó de brillo y nostalgia a los lectores de frases formuladas desde el dolor, la añoranza y el tiempo de un golpe militar.

Raúl Zurita leyó sus poemas. Otra vez. La negra portada de su libro era repasada por esos dedos temblorosos causados por el mal del Parkinson. Su voz, inconfundible y audaz, con una oratoria que transmite adecuadamente cada sensación con las que las palabras nacieron.

Lo acompañaba el también poeta chileno Héctor Montecinos. Pupilo y amigo. Zurita lo mostró al mundo literario, él confió en aquel joven de escasos 15 años con hambre de poesía.

"La fuerza y el dolor permiten que se escriban obras como ésta", refirió ante el contenido de "Zurita", una recopilación de poemas que narran el atardecer y anochecer del 10 de septiembre de 1973 y el amanecer del día siguiente cuando comenzó el golpe de militar contra el gobierno de Salvador Allende.

Montecinos dijo de Zurita lo mejor que se le ocurrió, pues aseguró que sus palabras no alcanzaban la magnitud de su agradecimiento. El reto más difícil, era expresarse sabiendo que el gran poeta - ganador del Premio Nacional de Literatura 2000- estaba a su lado.

"Me convenzo cada día más, que un escritor, uno de verdad no es solo su obra ni tampoco su vida, sino la mezcla de ambas. El delirio que las une, la forma en que se aman y repulsan es decir, su imaginación. Ahí radica su don, energía y transformación. Un poeta imagina, luego escribe o vive, pero ese es el comienzo de un viaje y nace desde las pulsiones más inconscientes hasta los límites de lo que entendemos o nos hacen entender por sociedad y cultura".

Montecinos añadió, que el legado de Raúl Zurita, le presentó al género poético: "Ya no hay poetas tan generosos con el futuro, ni tan clarividentes con el pasado. Raúl es más importante de lo que él cree. Yo le digo no morirás. Todos los poetas conocen a Zurita, lo hayan leído o no. Todos los poetas han hablado de Zurita, lo hayan leído o no", explicó el joven al asegurar que esta recopilación "Zurita", es un cierre espectacular o un debut, como lo fuera con la obra "Purgatorio".

Como respuesta a las palabras de Héctor Montecinos, el mexicano Margarito Cuéllar leyó una especie de manifiesto llamado "Instrucciones para leer a Raúl Zurita", en el que destaca 10 acciones concretas para digerir los textos del poeta chileno, quien demostró su talento tras la publicación "El sermón de la montaña", la ópera prima de Zurita de 1971.

"Quizá la forma en que leí Zurita pueda resultar de cierta utilizad. Lo leí a plazos, a sorbos, a tragos lentos y aun así, algo en mi interior se revolvía como si un poco de los muertos, los torturados, los desaparecidos, los resucitados, y los sobrevivientes que desfilan por estas páginas circularan también por mi sangre. Esto me sucedió desde los primeros poemas de Zurita".

Frase:
"Un poeta llega a consagrarse por lo que pueda imaginar, más que lo que pudo hacer en vida". Héctor Montecinos, poeta chileno.

EL INFORMADOR / NORMA GUTIÉRREZ

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