domingo, 7 de julio de 2013

CIRCADIANO, NA



Perteneciente o relativo a un período de aproximadamente 24 horas.

La palabra que hoy os presentamos es un adjetivo que proviene de los términos latinos circa, "cerca", y dies, "día". Se aplica especialmente a ciertos fenómenos biológicos que ocurren rítmicamente alrededor de la misma hora, como la sucesión de vigilia y sueño...

...Y es que, todos los animales y plantas muestran algún tipo de variación rítmica fisiológica. Los ciclos circadianos han sido los más estudiados y su frecuencia les permite sincronizar a los ritmos ambientales que posean un valor de periodo entre 20 y 28 horas, como son los ciclos de luz y de temperatura...

Hemos de saber que la alteración en la secuencia u orden de estos ritmos tiene un efecto negativo a corto plazo. Así, muchos sufridos viajeros hemos experimentado el jet lag, con sus típicos síntomas de fatiga, desorientación e insomnio. La alteración de los ritmos circadianos a largo plazo, además, tendría consecuencias adversas en múltiples sistemas, particularmente en el desarrollo de exacerbaciones de enfermedades cardiovasculares... Así que ya lo sabéis... cuidaos en la medida de lo posible...

José Luis Moure: «Nos obligan a elegir los mejores hijos» para el DRAE



Ricardo Soca 


El nuevo presidente de la Academia Argentina de Letras (AAL), José Luis Moure, es un filólogo argentino que desarrolló su carrera docente superior en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde obtuvo su doctorado. Las áreas a las que ha consagrado sus mayores esfuerzos han sido la Dialectología Latinoamericana y la Historia de la Lengua, de la cual es profesor titular. En el portal de la UBA pudimos saber que es autor de numerosos artículos de su especialidad. Editó laVerdadera relación de la conquista del Perú y provincia del Cuzco de Francisco de Jerez. Es coautor del estudio introductorio de la edición de la Crónica del Rey Don Pedro de Castilla realizada por Germán Orduna, de cuya versión abreviada prepara la edición crítica, así como la Crónica de Enrique III (en colaboración con Jorge Ferro). Es autor del estudio introductorio, edición crítica y anotación de El detall de la acción de Maipú, sainete en lengua gauchesca de autor anónimo de 1818, publicado por la Biblioteca Nacional de la Argentina. 

Preside una academia que fue fundada en 1931 como «asociada», pero que desde el final del siglo pasado perdió esa nota de independencia para convertirse en «correspondiente» de la Real Academia Española, una decisión con la que parece no estar totalmente de acuerdo:Nunca tuve claro cuál era la diferencia específica que implicaba ser asociada pero, si en 1931 la Academia se crea y se dispone que sea asociada y no correspondiente, habrá tenido una significación simbólica de cierta independencia, siguiendo la actitud asumida tradicionalmente por la intelectualidad argentina de la generación de 1837 de distancia, de independencia frente a lo que la academia de Madrid pudiese disponer,expresó. 
Nosotros diremos que, por muchas razones, esa intelectualidad revolucionaria de 1837 y algunos de sus pensadores más importantes –pienso en Sarmiento, en Alberdi, en Juan María Gutiérrez– asumen una actitud de independencia, que quieren que no sea solamente política, como los hechos habían determinado, sino también cultural y lingüística. Esa creación en 1931, después de dos intentos previos de crear academias correspondientes de la española tiene que haber tenido un significado, simbólico al menos. Las razones por las cuales esto se interrumpe entre 1999 y 2000 –en el terreno simbólico– nunca las pude averiguar, a pesar de haber investigado en las actas. Solo sé que hubo una propuesta por parte de la RAE de que la Argentina pasase a ser correspondiente. Eso fue admitido por nuestra Academia; tengo que respetar esa decisión y suponer que respondió a algún tipo de explicaciones que se le hayan podido dar en ese momento, y que convencieron a los miembros. 


La pregunta de este reportero, tanto como la respuesta del filólogo, sugieren una asimetría en las relaciones de poder entre la tricentenaria casa madrileña y sus asociadas americanas. Le pregunté su opinión sobre el hecho de que el presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale) tenga que ser siempre, por sus estatutos, el director de la Real Academia Española, y que su tesorero tenga que ser designado, también por disposición estatutaria, entre los miembros de número de la entidad fundada en 1713 por Fernando IV. 

Aun admitiendo la notoria asimetría, Moure identifica algunas razones que explican esta situación: En esto yo siempre me veo en dificultades, porque por un lado, no dejo de reconocer que la Real Academia Española tiene una tradición fortísima, se ha convertido de hecho en la anfitriona de la Asociación de Academias, y tiene, como digo, una tradición lexicográfica importantísima para el conjunto de los países de habla hispana. 

Alguna vez se ha dicho que el peor obstáculo para la expansión del español como lengua internacional es la pobreza que aflige a muchos de los hablantes donde es hablado. Moure reconoce que la RAE financia «buena parte» del funcionamiento de Asale, así como ofrece una sede para las reuniones y para la administración. Algunas academias no están en condiciones económicas ni cuentan con una tradición académica previa que permita convertirlas en centro de estas actividades. Por eso, es un hecho que tenemos que aceptar en cuanto no haya una propuesta mejor por parte de ese conjunto de academias que parecen haber admitido esto como natural. 

Insistiendo en el mismo tema, le comento que la sede oficial de Asale es en la calle Felipe IV, número 4 de Madrid, la misma de la Real Academia Española, que su página de internet está hospedada en el servidor de rae.net y el dominio (designación) en la red mundial –asale.org– no fue registrado en Bogotá, ni en Buenos Aires ni en México, sino en Madrid, a nombre de la gerente de la Real Academia. ¿Qué comentario le merece esta situación? 

Es que funciona allí. De hecho, el trabajo conjunto se hace en el mismo lugar, los fondos bibliográficos son compartidos, es decir esto ha surgido allí, no podemos negarlo ni podemos negar que el conjunto de las academias ha tenido siempre con la Real Academia Española una relación estrecha, yo diría quizás excesivamente estrecha, porque no parecen haber actuado con simetría, respondió. 

El académico argentino explicó que todas las asimetrías institucionales encuentran su explicación en la historia y en las representaciones que se construyen sobre los hechos:España sigue ocupando un rol preponderante en el pensamiento lingüístico de estas naciones que hablan un idioma y que, más allá de los discursos, parecerían no encontrar todavía una manera de manifestar su absoluta independencia. Como tantas otras cosas, esto es la consecuencia dilatada de un desacompasado desarrollo de la historia con respecto a la aceptación de nuestras particularidades lingüísticas. Hoy día la ciencia lingüística no puede admitir la preponderancia de una variedad sobre ninguna de las otras, el concepto de pureza afortunadamente ha sido hace largo tiempo eliminado, pero queda lo que llamo este imaginario colectivo, alimentado por los años de la colonia, alimentado por la observación hecha de la península con respecto a la calidad cultural de las colonias y a las variedades lingüísticas consideradas siempre como un poco bárbaras, un poco marginales. De modo que habiendo cambiado la mentalidad hispánica, hoy habiéndose dado cuenta todos, porque no cabía otra posibilidad, de que nos encontramos simplemente compartiendo variedades de distinta naturaleza, perdura esa idea que da pábulo a que esta visión asimétrica perdure también. 

Moure enfoca las tareas de la Asociación Argentina desde la perspectiva de un lingüista y, sobre todo, de un dialectólogo y de un estudioso de la historia de la lengua. 
Yo creo que la principal tarea de la Academia Argentina de Letras, que no debe delegar, es un estudio, un conocimiento tan completo como sea posible de la variedad argentina o bien de la variedad estandarizada de Buenos Aires. En ese sentido, la obra que yo creo que cumple más adecuadamente esto es el Diccionario del habla de los argentinos, un diccionario contrastivo, que se planteó desde el comienzo incluso desde algunos de los otros intentos de creación de academias previos, pero que se fue concretando y que cobró un renovadísimo ritmo en los últimos años. Seguimos trabajando en eso; existe para ello un material muy rico que se va incrementando a través de reuniones quincenales que hacemos los que integramos en este momento la comisión de argentinismos y que creo que es un muy buen diccionario contrastivo. 

No está conforme con el hecho de que la RAE sea la que decide qué argentinismos deben incorporarse al diccionario que se supone que es de todos, y se pregunta por qué no todas las palabras identificadas como pertenecientes a la variedad rioplatense son «admitidas» por la real casa madrileña: No tengo la respuesta para eso; es decir, nos obligan a elegir los mejores hijos para ir allá. De todo ese corpus de palabras claramente argentinas, claramente estudiadas como propias de este territorio, solamente algunas son admitidas, posiblemente en función de su vitalidad o de su mayor extensión diatópica, como para integrar ese repertorio léxico que hoy llamamos Diccionario de la Lengua Española, que teóricamente representa al conjunto de los países que hablan español. Hay ciertamente en ese diccionario una desproporción, que yo creo que no obedece a mala voluntad sino a la propia historia de la obra, que fue inicialmente un diccionario de autoridades, de la lengua de España, que era la que mejor se conocía, y al que después se fueron incorporando las palabras, los elementos léxicos propios de las propias naciones de América. 

Moure advierte que los hablantes de las variantes peninsulares no son más del diez por ciento del total de hispanohablantes, por lo que desde el punto de vista numérico, proporcional, ese léxico americano tendría que tener una presencia mucho mayor en ese diccionario, lo cual lo haría inmanejable, o prácticamente inmanejable. 
El académico argentino señaló que el DRAE contiene regionalismos peninsulares que en muchos casos representan a comunidades muy pequeñas, mientras que faltan palabras de México o de Colombia que son utilizadas por millones de hablantes. No se ha encontrado todavía la manera de que exista una justicia mayor, una proporción más adecuada que represente a las variedades americanas. Pero eso tiene que ver con la historia del diccionario, que es muy difícil de modificar. Es un poco, hoy, un diccionario histórico, es un poco un diccionario de uso, un poco un diccionario del español general, es un poco un diccionario de regionalismos, y estos están representados de una manera muy poco proporcional. 

Cuando le planteo que los diccionarios contrastivos, como el uruguayo o el argentino suponen de alguna manera una sujeción a la norma peninsular, me explica que se trata de una cuestión metodológica, puesto que el otro camino posible –la confección de un diccionario integral, con palabras patrimoniales como mesa, zapato– es por ahora económicamente inviable para las academias asociadas (o correspondientes). Comentó que esa tarea ya la cumplió en la Argentina una editorial privada, que publicó el Diccionario integral del español de los argentinos y, en México, el lingüista Luis Fernando Lara, con su Diccionario del español usual en México.
Esto ya lo proclamaba el propio Borges en una de sus duras diatribas contra la Academia Argentina de Letras, que él naturalmente integraba. Y hoy se conoce porque aparece en la correspondencia que mantenía con Bioy. Y él reclamaba: ¿por qué tanto elevar palabras a la Real Academia para que allá se elijan cuáles quedan y no hacemos nosotros lo que nos corresponde, es decir, un buen diccionario del español culto que se habla en la Argentina, incluyendo después las particularidades?
Aristóteles definía la política como «el arte de lo posible»; tal vez esto pudiera aplicarse también a la ciencia lexicográfica en los países americanos, donde el objeto y el método de estudio se enredan en un entramado de tradiciones históricas y de intereses políticos y económicos que poco tienen que ver con la ciencia. Moure intenta deslindar ambos campos:
Nosotros somos países jóvenes y España es una nación secular, de modo que esa presencia y esa tradición lexicográfica y de estudio es muy antigua. Estos son realidades y hechos, digamos científicos y efectivos para hacer frente a los cuales no siempre los caminos son sencillos; otra cosa diferente son las políticas lingüísticas, que a veces pueden tener intereses de otro tipo, que no sean estrictamente los lingüísticos. 

¿Cree que su llegada a la presidencia pueda imprimir un nuevo giro a la AAL?
En este punto soy un poco escéptico, prefiero serlo antes de mostrarme como revolucionario, eso ha sido una constante en toda mi vida y también es fruto de mi experiencia en los años que tengo. Una academia es siempre un cuerpo de pares, formado en el caso de la AAL por gente dedicada a la literatura, por gente dedicada a la lingüística, alguno dedicado a la ciencia exacta, por helenistas y no se puede pretender que todos piensen igual. Lo que me propongo hacer es llevar al terreno de la discusión dentro de la Academia algunos de los aspectos que hemos estado hablando acá, y tratar de dar mis razones, por las que yo creo que la AAL debería volver a poner el énfasis en su carácter de argentina. De otra manera, ¿qué sentido tendría que cada una de las academias tuviera en su nombre un adjetivo que hace referencia a un recorte geográfico o político si no puede mostrar lo que las caracteriza como nación? Todas estas academias fueron creadas como nacionales; se llaman nacionales, y eso significa que tienen que mirar hacia dentro en una proporción importante, sin perder de vista el hecho de que al menos todas decimos pertenecer a un universo cultural cuyo idioma es el castellano. Si es así, hay algo que nos une, y es el respeto por un estándar que consideramos común. Para que eso siga siendo así, y para que esas academias tengan sentido y no sean meras "repetidoras", como se dice en radiotelefonía, de una central, es imprescindible que tomen conciencia de su nación, que tomen conciencia de que tienen que dar respuesta a su propio país acerca de su función. Nosotros no tenemos otras [funciones] que no sean un estudio, una consideración particular de nuestra lengua y de la producción literaria escrita en esa lengua. Pero nos debemos entonces el respeto por esa lengua de cultura, esa lengua que nos aúna, que compartimos, que nos permite leernos los unos a los otros, y seguir diciendo que lo estamos haciendo en una lengua común. Pero para que siga siendo común no puede haber preeminencias de ningún tipo. Es importante, entonces, que si existen imaginarios que dicen lo contrario se vayan desmontando, sin guerras, sin hostilidades, con comprensión y con argumentos. De momento, la relación es asimétrica, el dinero, y mucho dinero, lo han puesto los españoles a través de estas empresas lingüísticas; lo siguen haciendo a través de la Real Academia, lo siguen haciendo a través de esta empresa de la Asociación de Academias con sede en Madrid, lo siguen haciendo a través del diccionario, con el cual nosotros trabajamos. Mientras esto no sea puesto al servicio de intereses menos cristalinos, bienvenido sea. Lo iremos modificando en la medida en que las naciones americanas tomen fuerza y piensen que pueden actuar exactamente en ese plano de igualdad. Hacia eso debemos caminar. 

Le comento el hecho de que en torno de la orientación de la RAE se mueven poderosos intereses económicos.
Ese es uno de los grandes temas que están planteados aquí y que sería bueno empezar a ventilar, empezar a debatir, para no convertirnos en clientes de ese proyecto sino en colaboradores reales de otras academias. Esos son los elementos que están por debajo de las políticas lingüísticas; cuando las políticas lingüísticas van más allá de los intereses lingüísticos que las lenguas mismas exigen, y tienen finalidades meramente económicas, estamos ante un hecho espurio, que no debe admitirse. Se debe explicar claramente, a la luz pública, para que se entienda que hay un proyecto económico y preguntarse a quién beneficia ese proyecto económico.
España tiene pleno derecho de llevar adelante un proyecto económico y nosotros también tenemos derecho de tener los propios y, en algún caso, de tomar otros caminos si nos parece que ese proyecto económico entra en colisión con el nuestro.
 

Con frecuencia leemos o escuchamos llamados a la defensa de la lengua común contra la disgregación, contra el ingreso de vocablos de otras lenguas, en fin, contra fenómenos que han sido propios de todas las lenguas en todos los tiempos. 
Siempre les digo a mis alumnos de Dialectología o de Historia de la Lengua que sabemos que sabemos que las lenguas tienden inexorablemente a la diversificación, a la dialectalización. Eso siempre ha sido así. Los terrores con que a veces hoy se persigue a la opinión pública con respecto al peligro que hoy corre el idioma español, el peligro de la dialectalización o de las variedades es un miedo que no tiene fundamento. En la realidad, en el hoy, simplemente porque me parece un error conceptual o una medida estratégica el suponer que una lengua que tiene más de cuatrocientos millones de hablantes corre algún peligro. Para que ese peligro se advierta y para que sea necesario tomar medidas de defensa tiene que haber un ataque. Y esa situación no se da, por el contrario, lo que se está manifestando es un crecimiento casi exponencial de la presencia del español; no hay peligro alguno, ¿de qué nos estamos defendiendo? 

En el siglo XXI el lenguaje está enfrentando fenómenos que no tienen precedente en la historia humana: la alfabetización y la escolarización prácticamente universales, la revolución de las comunicaciones, que tenderían a frenar el cambio lingüístico, tal vez a hacerlo más lento, a hacer prevalecer la convergencia sobre la dialectalización. 
No hay ninguna duda de que va a haber dialectalización. En el pasado ella fue mucho más rápida por el aislamiento geográfica, por razones políticas. Hoy, en cambio, esa dialectalización se retrasa en la medida en que los medios de comunicación ponen en contacto toda estas variedades como nunca había sucedido antes, lo que nos permite acceder al conocimiento del vocabulario de naciones hermanas, lo que antes hubiera sido impensable. De modo que hoy tenemos razones para suponer que muchos de estos procesos de dialectalización van a retardarse. Lo que nos queda sí es defender el valor de esa variedad estándar, que es no ya geográfica sino que es de estilo, de registro, que implica una lengua de cultura, una lengua elaborada,que es la lengua que nuestro idioma ha venido desarrollando y que es lo que tenemos de absolutamente en común. Si hay algo en lo que nos hermanamos por completo es en ese español estándar, culto, que es el que se ve reflejado en las gramáticas, en la enseñanza, aquel en el que leemos, aquel a cuyo registro le prestamos una ortografía compartida. Ese es el único reaseguro que tenemos, por muchos años, probablemente por siglos, de la existencia de un idioma común. A las otras variedades, las variedades de la gente, las variedades de la calle, las variedades de los pueblos, las variedades regionales hay que dejarlas tranquilas. El pueblo sabe lo que hace con esas formas y también sabe que cuando necesita leer, cuando necesita escribir, cuando necesita dar clase o recibirla o transmitir información, lo va a hacer en esa variedad culta cuya supervivencia hará que la comunicación del mundo hispánico siga durando por mucho tiempo, concluyó. 

Bécquer y sus dibujos obscenos sobre Isabel II



Bécquer (primer autor adorado por mí a lo largo de mi vida) es para muchos sinónimo de romanticismo casi casto, casi exento de malicia ni de pincante… sin embargo eso debía de ser solo cuando escribía.
Lo cierto es que cuando cogía la estilográfica para dibujar la cosa cambiaba y pese a que hasta 1991 año de publicación de la obra Los Borbones En Pelota, el gran público no pudo acceder a los dibujos a los que nos referimos, la existencia de esta obra da prueba de que el bueno de Gustavo Adolfo tenía un lado picante que no mostraba en sus cándidos poemas.
Y es que en compañía de su hermano Valeriano, bajo el seudónimo SEM, el escritor llevó a cabo una serie de láminas con bocetos obscenos sobre Isabel II, reina que no era muy de su agrado y de quien se decía que mantenía relaciones sexuales con multitud de hombres.
Precisamente en esas láminas aparecen muchos hombres diferentes teniendo sexo con la reina aunque a veces son animales los que lo hacen con la monarca.
Quizá debió de ser la censura  (o la autocensura)  la que impidió que esto viera la luz antes… ¿Os imagináis el escándalo si ahora mismo un autor de renombre sacase a la venta un material parecido?

Etopeya

La etopeya es una figura literaria que consiste en la descripción de rasgos psicológicos o morales de una persona, como son el carácter, cualidades, virtudes, cualidades espirituales o costumbres de uno o varios personajes comunes o célebres.
Ejemplo:
Su vivir se asemeja, en el andar sin descanso, a un evangelista del civismo, cuya inmensa caída de prosélitos él viera por seis lustros alimentando muchedumbres, libertando galeotes, avizorando lejanías, fascinando mieses de pasión, aromando la extraña como propia tienda con el precioso sándalo de la bondad y del ingenio
Hay tantas maneras de describir a una persona, como puntos de vista e intenciones. Se puede describir a alguien desde el exterior como del interior; es decir, hablar de su físico o de su personalidad, es más, nos atrevemos a describirlo desde el punto de vista psicológico, destacando sus virtudes o poner en énfasis sus defectos y tal vez sus vicios, cuándo el énfasis de una descripción está puesto en los rasgos, tales como los sentimientos, las creencias, las virtudes o los defectos y en fin todo aquello que conforma la personalidad de un individuo.
La palabra etopeya, viene de las raíces griegas Ethos que significa costumbre y que ha venido a ser la base de la palabra ética y Porco que significa describir, por lo tanto, en retórica antigua la finalidad de la etopeya era la descripción de los rasgos éticos y morales de una persona; actualmente, la etopeya puede estar compuesta por otros rasgos de la personalidad, tales como la manera de ser, la manera de ver la vida, las costumbres, las diferentes actividades, la actitudes, los sentimientos, y en fin todo lo que nos parezca o llame la atención de las personas.

Justificación del uso de la etopeya[editar]

La etopeya entra dentro del mundo de la imaginación. Nos metemos en un personaje, y damos rienda suelta a las palabras que pronunciara en una situación dada. Esa técnica de construcción literaria puede ser útil, al sacar la persona de su propia perspectiva y llevarle a ver el mundo desde un enfoque diferente. La etopeya es un paso más allá de la descripción. Si en aquella describimos una persona u objeto desde un punto de vista personal, en la personificación lo describimos desde "dentro", realizando, por decirlo con otras palabras, un gesto teatral .

Tipo de composición. Definición[editar]

Etopeya: imitación del carácter de una persona. Descripción del carácter, acciones y costumbres de una persona a través de sus palabras. Para ello hemos de utilizar, obviamente, el diálogo o el monólogo, para dejar que el personaje del que queremos desarrollar el carácter "hable" por sí mismo.

Características principales[editar]

En la etopeya se imaginan las palabras de una persona y se reproducen. Se inventa el carácter. Viene a ser como el moderno monólogo dramático. Por ejemplo, "¿qué palabras pronunciaría Isabel la Católica al conquistar Granada?
El carácter que le demos puede ser histórico, legendario o literario o enteramente ficticio; en este último caso se le llama prosopopeya. Si se hace imitando a algún fallecido se denomina idolopeya.
Tracemos unas líneas que nos sirvan para dibujar el carácter de una persona:
En primer lugar debemos conocer las circunstancias que rodean a la persona dibujada. Por ejemplo, si es Cristóbal Colón en el momento de descubrir América hay que saber de la penuria pasada, de su equivocación (creía que estaba en la India, de su afán por las riquezas, etc. ) Debemos recurrir a la dramatización, el discurso directo: el personaje habla al auditorio, sin narrador intermedio. Para ello le debemos dar el lenguaje apropiado, la emoción exacta, hablar a través del discurso de sus circunstancias. El lenguaje que utilices deber ser claro, breve, con los giros propios de la época o del personaje No debes hacerle hablar como si estuviera "escrito" su monólogo: ahórrate las metáforas y demás figuras retóricas. Además no tiene que tener un final; estamos pintando un carácter, no narrando una historia Por último, piensa en el momento en el que sitúas la acción. No adelantes acontecimientos del futuro (por ejemplo, que Colón no llame "América" a lo que descubre, sino "Indias". Procura diferenciar el tiempo pasado, el presente y el futuro; que no se mezclen en las palabras de tu protagonista.

Ejemplos de Etopeya[editar]

  • Palabras de Níobe cuando sus hijos yacían muertos:
"¿Qué clase de fortuna cambio por qué otra, privada de hijos quien antes era considerada afortunada por su prole? La abundancia se convirtió en carencia, y no soy madre de un solo hijo yo que antes aparecía como madre de muchos. ¡cuán necesario hubiera sido en un principio no tenerlos antes que tenerlos para llorarlos! Quienes son privados de sus hijos son más desgraciados que quienes no los tuvieron, pues lo que llega a experimentarse aflige cuando es arrebatado.
Pero ¡ay de mí!, sufro un destino semejante al de mi padre. Soy hija de Tántalo, el cual convivía con las divinidades, pero, después del banquete, era expulsado de la compañía de los dioses, y, puesto que procedo de Tántalo, confirmo mi linaje con las desgracias. Me hice amiga de Leto y por culpa de ésta soy desgraciada, y he recibido su trato para verme privada de mis hijos, y la convivencia con la diosa desemboca para mí en desgracias. Antes de llegar a su conocimiento, yo era una madre más envidiada que Leto, pero, después de resultarle conocida, quedo privada de una prole que antes de nuestro encuentro tenía en abundancia. Y ahora ya nacen muertos mis hijos de uno y otro sexo, y es más difícil llorar lo que resultó ser más venerable.
¿A dónde he de dirigirme?, ¿a quiénes me dedicaré?, ¿qué clase de funeral me bastará ante la pérdida de todos mis hijos muertos?: faltan las honras ante tal número de desgracias. Pero, ¿por qué lamento estos hechos cuando me es posible pedir a los dioses que cambien en otra mi naturaleza? Conozco una única liberación de las desgracias, transformarme en aquello que nada siente. Sin embargo temo, más bien, que, aun presentando esa naturaleza, he de seguir llorando.
  • Medea contemplando a sus hijos asesinados por su mano:
"Horribles flores rojas brotan debajo de sus pacíficos rostros. Son las flores cultivadas por mi mano, mano de una madre. He dado vida, ahora también la quito, y ninguna magia puede devolver el espíritu a estos inocentes. Nunca volverán a poner sus brazos minúsculos alrededor de mi cuello, nunca su risa llevará la música de las esferas a mis oídos. Que la venganza es dulce es una mentira. Puedo haber herido el corazón de Jasón con estos asesinatos, pero he maldecido completamente mi propia alma. Para siempre estaré maldita. Pasaré mis restantes días en el cuerpo de una mujer con el alma desgraciada y vacía de una gorgona."
(traducción libre de los Progymnasmata de Edward Pate)

Recursos que se pueden emplear en la etopeya[editar]

Puedes dar vida a través de las palabras a objetos o cosas inanimadas. A esto se le llama personificación. También lo contrario: representar a las personas como objetos inanimados. Es lo que se conoce como antiprosopopeya. Puedes aprovechar el estilo directo para describir el carácter de la persona.

Fortuna de Giovanni Boccaccio



La Fortuna, como los contemporáneos de Boccaccio bien sabían, hace que, para la posteridad, nuestra persona sea pocas veces la que nosotros imaginamos. Boccaccio se definió a sí mismo ante todo como poeta, como estudioso de las lenguas, como pensador, y sólo en última instancia como narrador: la ficción le importaba menos que la filosofía y la historia, o le importaba sobre todo como vehículo para la filosofía y la historia.
Fue un precursor iluminado de la gran literatura renacentista, y pudo escribir tanto en el latín de su amado Cicerón como en la nueva lengua toscana que compartió con Dante y Petrarca. Este último fue su maestro y lo incitó a conocer los clásicos paganos, pero Dante fue su ídolo. Como crítico literario, Boccaccio fue uno de los primeros y más astutos lectores de Dante, y el autor de su primera importante biografía, estableciendo el método de lectura de la Comedia (a la cual dio el epíteto de “divina”) empleado aún hoy por los especialistas dantescos, que consiste en analizar el poema canto por canto y verso por verso (antes de su muerte en 1375 sólo llegó a comentar los diecisiete primeros cantos del Infierno). Como lingüista, Boccaccio se convirtió en uno de los más ardientes defensores de la lengua y la literatura griegas en Italia, ufanándose de haber rescatado a Homero para sus contemporáneos. Como narrador, compuso una de las primeras novelas psicológicas, la epistolar Elegía de Madonna Fiametta y también, sobre todo, una de las más entretenidas colecciones de cuentos de todos los tiempos, ElDecamerón.
Los herederos de Boccaccio son numerosos y a veces inesperados. En Inglaterra, Chaucer compuso sus Cuentos de Canterbury inspirado en su lectura de El Decamerón, y Shakespeare conoció su Filostrato antes de escribir Troilo y Crésida. Sus Poemas pastorales ayudaron a popularizar en Italia el género que luego retomaron Garcilaso y Góngora en España y su humor, inteligencia y desenfado pueden sentirse en autores tan diversos como Rabelais y Bertold Brecht, Mark Twain y Karel Capek, Gómez de la Serna e Italo Calvino.
Es sorprendente que solo ‘El Decamerón’ haya sobrevivido a la pereza de los lectores
Es sorprendente que sólo El Decamerón haya sobrevivido al descuido y a la pereza de los lectores y si hoy, ocho siglos después de su nacimiento, decimos que Boccaccio es un clásico, es a esa prodigiosa colección de narraciones que el autor debe su fama. El resto de sus notables escritos —desde su revolucionario compendio prefeminista,Acerca de mujeres famosas, hasta su monumental Genealogía de los dioses paganos— han sido mayormente olvidados. Su obra más célebre, El Decamerón, es recordada menos como un gran fresco literario, inmenso retrato de la apasionada y compleja Italia del siglo XIV, que como una recopilación de anécdotas más o menos escabrosas, juzgadas obscenas. Para la mayoría del público, sobre todo para aquellos que no lo han leído, El Decamerón consiste exclusivamente en bromas soeces, adulterios, infidelidades y orgías protagonizadas por campesinos priápicos, aldeanas ninfómanas, nobles insaciables, curas lúbricos y monjas desvergonzadas.
Casi desde su difusión inicial, la censura contribuyó en no poca medida a la celebridad de Boccaccio. El Decamerón fue condenado desde el púlpito, incluido en el Index de la Iglesia católica, tachado de pornografía por las autoridades aduaneras del mundo entero y echado a la hoguera en sitios tan diversos como el sur de Estados Unidos y la China de Mao. Durante el franquismo, audaces libreros vendían a escondidas ejemplares pirateados, empaquetados en papel marrón.
Por supuesto, a pesar de la constreñida lectura de los censores, la calidad erótica de El Decamerón es sólo uno de sus matices, y por cierto no el más importante. Bajo la sombra de la terrible peste que azotó Florencia en el siglo XIV, los cuentos que comparten los diez jóvenes que escapan de la ciudad contaminada son una crónica del mundo en el que viven. Amores, tragedias, embustes, traiciones, amistades fieles, promesas cumplidas e incumplidas, confabulaciones, crisis de fe, subversiones y momentos de epifanía componen un mosaico bullicioso y sobrecogedor en el que la peste que enmarca a los narradores (y a la narración misma) se convierte en una suerte de memento mori, recordándoles a la vez su propia mortalidad y su inescapable condición de seres conscientes en un mundo difícil e injusto. Boccaccio consideraba la Comedia de Dante como la obra literaria más perfecta; componiendo El Decamerón quiso tal vez responder a esa sublime visión ultraterrena con la suya, humildemente arraigada en este mundo.
Shakespeare, Brecht, Chaucer, Góngora o Twain son algunos de sus herederos
Pocos asocian a Boccaccio con la noción de humildad: agreguemos a esta la compasión. En sus diversas obras magistrales, Boccaccio investiga las aventuras y desventuras de personajes imaginarios e históricos, de héroes y seres comunes, y también de los dioses, y en todos ellos el lector siente que Boccaccio se apiada de la condición de todos estos seres.
Hablando de su querido Dante, apunta en uno de sus comentarios que el autor de la Comedia “demuestra compasión no sólo hacia las almas que oye confesarse, sino más bien hacia sí mismo”. Boccaccio entiende que en las almas del otro mundo, Dante reconoce sus propias flaquezas y sufrimientos. Implícita en la alabanza, está la confesión que Boccaccio también se reconoce en sus hombres y mujeres. En la dedicatoria deAcerca de mujeres famosas, Boccaccio pide a la Condesa de Altavilla que se atreva a descubrir en las acciones de ciertas heroínas paganas un ejemplo de su propia conducta. Es una forma de decir que él, su autor, se sabe reflejado en sus criaturas hechas de palabras, palabras que han sobrevivido ocho siglos para servir ahora, en otra época no menos sufrida e injusta que la suya, de necesario espejo a sus nuevos lectores.

Cortázar, una ausencia presente



“¿Encontraría a la Maga?” (Rayuela)
¿Quién es ¿ ¿Dónde está? ¿La han visto? Y las miradas del pequeño salón la buscaban sin encontrarla. Hasta que Aurora Bernárdez con su pelo blanco entró despacito mientras creaba un camino de murmullos, se acercó a la mesa principal, se sentó en la silla acomodándose su vestido blanco estampado de paraguas, zapatos y mariposas rosadas para escuchar en silencio a Mario Vargas Llosa, a su lado, hablar de su marido: Julio Cortázar. Atendía serena los elogios y recuerdos, cuando el Nobel de literatura terminó de hablar, ella lo miró, y tras un suspiro le dijo con una sonrisa:
- Cuánto me ha gustado conocer a Aurora y a Julio, por el retrato que has hecho de nosotros.
Las risas de las 67 personas que estaban en el salón hicieron reír sonoramente a los dos. Así quedaba abierto oficialmente el juego de dos viejos amigos que una noche de diciembre de 1958 se conocieron en París. Ahora, 55 años después, evocaban no solo esa amistad, sino la del amigo más importante de entonces, aquel hombre de cabeza rapada, grandes manos que movía al hablar y de juventud indestronable que gozaba de la admiración de todos los que lo conocían. Aquella velada, el veinteañero Vargas Llosa estuvo hablando con una pareja toda la noche, sorprendido por la inteligencia de ambos y el ingenio de los dos para expresar ideas e intercambiar opiniones que hechizaban a todos. Solo al despedirse supo que se trataba de Cortázar y su mujer.
Con el tiempo el escritor argentino se convertiría en uno de los mejores amigos y en uno de los modelos y mentores de Vargas Llosa. Y las invitaciones que le hacían los Cortázar a su casa en verdaderos momentos de felicidad. Revelaciones de una conversación inédita entre dos amigos que, a veces, como adolescentes, se quitan la palabra uno a otro empujados por el entusiasmo de contar qué hicieron, qué han hecho, qué recuerdos siguen en su vida intactos. Y como dos amigos se siguen preguntando cosas que antes no se habían atrevido y que aprovechan en este homenaje Cortázar y el Boom Latinoamericano, en uno de los cursos de verano de El Escorial de la Universidad Complutense de Madrid, organizado por la Cátedra Vargas Llosa.
Las palabras se asoman por momentos en Rayuela. Entran y salen rápidamente de ella. Entran y salen, también, de la cómo era Cortázar (“una de las personas más inteligentes que he conocido y con ideas muy originales sobre la literatura”, cuenta Vargas Llosa); de cómo era su casa parisina (“A la entrada tenía una pizarra con recortes de periódicos y más cosas pegadas con alfileres”); de qué autores habían traducido ambos (“Aurora a Sartre, a Durrel y su Cuarteto de Alejandría, y a Italo Calvino”).
En aquella aún reciente noche de 1958 el mito y la leyenda en torno a Cortázar ya empezaban a tener forma. El Nobel peruano aprovecha el entusiasmo de Aurora Bernárdez para seguir en el juego de Yo pregunto y tú dices la verdad. “¿Es verdad que ustedes se presentaron a las pruebas de traductores de la Unesco en París y sacaron los dos primeros puestos, y que les ofrecieron un contrato fijo pero que rechazaron con el argumento de que preferían tener tiempo para leer y escribir?
- Sí. Y, tal vez, el primer puesto lo obtuvo Julio. Y le había podido servir para curarse del complejo de inferioridad. Aunque, después, cuando hicimos el curso para sacar el carnet de conducir lo obtuve yo primero.
Y, entre risas, las anécdotas se suceden en París, en Roma…
-Porque Julio, como todo argentino que se respete, creía que el italiano era su segunda lengua. Pero no…
Su modestia era legendaria. Su viuda solo recuerda un atisbo de vanidad:
- Recién llegados a París trabajó en una distribuidora de libros y un día llegó a casa, y muy serio, me dijo: “Yo soy el que hace mejor el paquete de libros”. Y era verdad.
Más risas y más anécdotas que dan paso a la obra cumbre de Cortázar,Rayuela, cuyo éxito arrasó el mundo privado que los dos habían construido y cuidaban con celo. Lo convirtió en una figura pública.
- El libro cayó como una bomba. Pero también tuvo adversarios que seguían atentos al otro Cortázar, al de los cuentos, que no es ni mejor ni pero, sino con otra visión.
Hasta que llega la pregunta que todos los lectores de Rayuela quisieran hacerle a Aurora Bernárdez: ¿Es usted la Maga?
- No, dice ella sonriendo con su voz suave.
Y Vargas Llosa insiste: “¿pero si hay una persona física que se le parezca esa eres tú?
- No (dice ella de nuevo sonriendo pero categórica). No creo para nada eso, ni de lejos. La maga es un montón de palabras en un papel… Puede haber muchas. Pero tal vez puede estar inspirada en una amiga nuestra, pero ella se ofendió porque creyó que la palabra maga se refería a bruja… (Y Aurora Bernárdez ríe con picardía).
Cortázar, según Vargas Llosa, es uno de esos autores de gran generosidad, aconsejaba, por ejemplo, sobre los manuscritos que le enviaban los jóvenes escritores, “tenía una integridad intelectual y literaria que nunca traicionó”. Pero el mundo Cortázar cambió, coincidieron Bernárdez y Vargas Llosa, unos años después de Rayueladebido a varios viajes que hizo él, por un lado a Cuba y a la India, en 1968, según su viuda:
- En la India de golpe tuvo conciencia del dolor de estar vivo. Es cuando descubre que el hombre sufre muchísimo, y empieza a ser más político. Luego se va a la Argentina donde hay una historia política lamentable, aunque ahora no es que haya mejorado mucho. Él tenía migrañas y fue a un médico que, tras examinarlo, le dijo que lo que tenía no era una enfermedad, sino un estado de opinión.
Finalmente Vargas Llosa le pregunta: “¿Qué crees que va a quedar de Cortázar, su legado?
- No tengo idea. Hay que esperar otros 50 años más… Creo que Julio quedará en el repertorio de esos escritores ausentes que estarán siempre presentes.

'Vivimos un Fahrenheit 451''



    Beatriz de Moura, fundadora y directora de Tusquets, analiza la crisis del sector y el cambio del concepto de ocio un año después de su acuerdo con Planeta
MADRID, ESPAÑA (06/JUL/2013).- Beatriz de Moura (Río de Janeiro, 1939) respira tranquila. Hace poco más de un año —sostiene— se movió a tiempo y salvó su editorial de una probable muerte económica. “Son 44 años de trabajo que no quería ver desaparecer”, explica como marco del acuerdo que alcanzó con Planeta Corporación aquel 26 de abril de 2012 y que permitía la entrada del gigante editorial en el accionariado de Tusquets, paradigma de la edición literaria, del sello de volumen medio independiente en tiempos de fusiones para capear el temporal.

Podría pues, ahora que el futuro de su casa está “encarrilado”, plantearse su jubilación. Pero eso es imposible si se la oye hablar con la pasión con que lo hace acerca del dificilísimo momento que vive el sector —con caídas acumuladas de más del 20% de la facturación—, y de la cultura en general. “Es la primera vez que choco con la realidad de esta manera: no es que haya menosprecio por el libro, lo que ocurre es que en España y en parte de Europa se está dejando de leer”, afirma. Ante una situación así, explica: “La curiosidad me puede y eso está alargando mi vida editorial”. Una trayectoria que contó con pelos y señales a los estudiantes del Máster de Edición de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, al cierre su 18ª edición.

Admite que con Planeta las cosas van “mejor de lo que había imaginado; José Manuel Lara Bosch es un amigo con el que ya tuvimos negocios antes y que nos salvó de un cierre que pudo haber sido definitivo, porque ha sido socio clandestino nuestro durante unos años difíciles”, dice sin querer entrar más en detalles. Pero la joint venture ha soportado sacrificios: un cambio de sede y, sobre todo, una reducción de personal. “Entre América Latina y aquí (España), en Tusquets hemos pasado de 45 personas a 14. Es el precio que hemos debido pagar por sobrevivir: desde la muerte de Antonio López Lamadrid en 2009 (consejero delegado de Tusquets y compañero de la editora), veía como cada año las ventas caían. Teníamos que intervenir de algún modo”.

Hace tiempo que De Moura vaticina la necesidad de empresas como la suya de blindarse. “En un contexto de crisis como la actual, la administración de una editorial mediana ha de ser muy fuerte; además, la distribución se puede llevar la mitad de la inversión; por ello necesitas un capital de cierta envergadura para aguantar las inversiones cuando tú no estás generando dinero... La situación es caótica: hoy estamos con tirajes de la época de Franco, de apenas dos mil ejemplares, cuando no hace mucho eran de cinco mil”.

Rodeada de una espectacular muestra de su elegante colección de narrativa de tapas negras, la veterana editora es consciente de que habla todo el rato de números, no de literatura. Pero es que, admite, “la preocupación hoy es sobrevivir; lo prioritario es salvaguardar lo que se ha hecho, intentar que lo que llevabas a cuestas, aunque esté maltrecho, pase contigo a la otra era”. ¿Otra era? “Sí, hoy me pregunto de qué servimos los editores y los catálogos; la crisis ha llegado en un momento en que coincide con un público que ha pasado a decidir él solo lo que quiere; y lo que quiere es algo muy concreto, y de lo demás no desea nada de nada. Pero además, se vende infinitamente menos que hace dos años”.

El ocio y las nuevas tecnologías


Atribuye Beatriz de Moura está situación, en parte, al cambio en el concepto del ocio. “Se ha deteriorado, o mejor, entregado o sometido voluntariamente a las nuevas tecnologías, a lo audiovisual; el ocio cultural ha desaparecido y si la gente no lo quiere, pues no lo quiere”. El símil con lo literario no tarda: “Estamos un poco como en Fahrenheit 451: no se queman los libros ni damos vueltas por un parque recitándonos fragmentos pero sí está la atmósfera, la lectura va quedando para unos pocos; no es menosprecio por el libro; simplemente, se ha dejado de leer...”.

En su opinión, el oscuro panorama obligará a más movimientos en el sector editorial. “Las cifras de los grandes grupos también son graves. Están temblando. Deberían producirse más fusiones; lo que ocurre, como mínimo en España, es que los que deberían fusionarse están muy alejados entre sí; o a veces son catálogos difícilmente compatibles; pero si no son fusiones, serán desapariciones”, sentencia. Tampoco cree que sea bueno que los grandes grupos, como Planeta, se conviertan en “refugio de sellos históricos para sobrevivir: no es bueno para la literatura porque no se fomenta que se distingan y peleen entre sí”.

Paradójicamente, cree que las editoriales pequeñas saldrán mejor paradas de la crisis... si solventan su distribución. “Su mal está ahí, llegar bien al mercado: deberían crear una gran distribuidora, un monstruo de distribución de los pequeños sellos”. Sonríe consciente de la paradoja y de un pensamiento que verbaliza: “En Tusquets cometimos un error de los pocos de los que me arrepiento: crecimos en los años noventa. Deberíamos habernos quedado en medio centenar de títulos”.

Dinámica, animosa, no cree que entrar en la maquinaria de Planeta acabe desfigurando, con el tiempo, la personalidad de Tusquets. “Si somos rentables, no hay miedo a que nos trituren; tampoco nos piden que ganemos grandes sumas, sólo quieren rentabilidad”. Pero hay contrapartida: “El precio es no poder hacer cierto tipos de libros; pero eso compensa poder seguir y hacer los otros proyectos”.

No va a dar consejos a los estudiantes, pero cree que hoy, para editar, hay que reunir tres requisitos: “Leer y haber sido un lector asiduo toda la vida; tener inquietud, cultural y sociopolítica, pero también entendida como querer curiosear...”. Y hace una pausa y termina con algo que nunca dijo: “Y tener dinero; alguno. O un socio rico; o poder montar una sociedad con alguien con dinero; si no, editar hoy me parece casi imposible; incluso para ser un sello pequeño hoy hace falta dinero”.

El País

FRASE

''La lectura va quedando para unos pocos; no es menosprecio por el libro; simplemente, se ha dejado de leer''.

Beatriz de Moura, fundadora y directora de Tusquets Editores.

miércoles, 26 de junio de 2013

Crueza



Crueldad.

La palabra que hoy os presentamos procede del antiguo crúo, y este del latín crudus, "crudo", y es un sustantivo desusado para designar la crueldad, brutalidad, atrocidad, ferocidad, impiedad, inhumanidad, insensibilidad, salvajismo, truculencia e iniquidad del ánimo y los actos...

Tal y como hemos comentado, se trata de un término en desuso, aunque podemos encontrar numerosas referencias en la literatura del siglo XVI... Veamos un par de ejemplos:

El primero, en un fragmento de Un camarín, poema de Juan Rodrigo Alonso de Pedraza:

"...¡Oh, válame Dios, y qué sobrevienta
que siento al presente, y cuán gran turbación,
pues veo delante tan triste visión,
en nada apacible, según que lamenta!
Dolor excesivo me ha dado que sienta,
para la vida privar muy bastante.
Suplícote, Muerte, que pases alante,
no cures hacer de mí tanta cuenta.
Usa de ser muy bien comedida
conmigo, que en ver tu crueza,
mira que en Dama de tanta belleza.
Razón no consiente que falte la vida..."

Y el segundo, en el Canto de Silvano, obra de Hernando de Acuña:

"...¡Quién me dijera, cuando yo te daba
cuenta tan larga de las ansias mías,
que desventura tal se me guardaba!

¡Quién me dijera, Silvia, que encubrías,
so color de dolerte, la crueza
que al fin acabará mis tristes días!

No pienses que tendrá ya tu fiereza
lugar en mí do pueda ejecutarse,
que la fuerza que viste es ya flaqueza..."

DRAE: un deslucido contraste ante el diccionario brasilero Houaiss



Ricardo Soca 

El diccionario brasilero Houaiss, probablemente el más completo de la lengua portuguesa, ampliamente utilizado no solo en Brasil sino también en las universidades de Portugal, fue elaborado a lo largo de dieciséis años por el lexicógrafo carioca Antonio Houaiss (1915-1999), con un equipo de lingüistas que lo secundaron en este ambicioso proyecto. 

Editado actualmente por el Instituto Antonio Houaiss, con 242.000 acepciones detalladas en tres voluminosos tomos, contiene también un diccionario de morfemas, en cuyas entradas se describen detenidamente los detalles fonéticos, morfológicos y sintácticos de todos los fonemas de la lengua portuguesa. 

En la información lexicográfica, se marcan diatópicamente los vocablos propios del portugués de Brasil, así como los regionalismos de cada zona de este país continental. 

Se informa asimismo la etimología de los vocablos incluidos en la obra, la conjugación de cada uno de los verbos y se ofrece un detalle del primer testimonio escrito de cada palabra, en la diacronía. 

Al lado del Houaiss, da pena el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), con su esmirriado repertorio de 86.000 acepciones, recopiladas a lo largo de trescientos años por centenares de académicos. 

Sin embargo, esta merece, al menos, que se quiebre una lanza en su favor por las ventajas de su diccionario digital en disco, ofrecido solo en la versión comercial, puesto que la que se ofrece en la web se limita a espejar la rusticidad de la edición impresa. 

La versión en DVD, en cambio, merece elogios por la riqueza de su hiperestructura, con búsquedas por etimología, por marcas diatópias, diacrónicas y estilísticas, por categoría sintáctica, entre muchos otros recursos que no es fácil hallar en diccionarios electrónicos de nuestra lengua. 

La edición web del DRAE presenta una única, aunque importante ventaja sobre las de soporte papel y DVD: los adelantos para la edición de 2014, que se muestran separadamente. La decisión de mostrarlos en separado pone en evidencia que el formato en disco arrastra rémoras de la edición impresa: en efecto, no hay razón alguna para mostrar las novedades previstas para 2014 separadas de las ya publicadas en la vigésima segunda edición, de 2001. 

Se podría creer que el Houaiss, una obra de autor confeccionada en poco más de tres lustros, alcanza una meta suprema en la lexicografía mundial. Sin embargo, hay que precisar que contiene apenas la mitad de las entradas delWebster's Third New International Dictionary, que en la edición de 1993, publicada hace ya veinte años, llegaban a 470.000, cinco veces y media más que el DRAE, con su larga historia y con el ingente presupuesto que la Academia recibe tanto de sus poderosos patrocinadores privados como del Estado. 

Sigue pendiente, pues, una vieja deuda de la RAE para con los hispanohablantes, que necesitamos obras lexicográficas más completas que las que se nos ofrecido hasta ahora, que abarquen la lengua de todos los países, sin ese eurocentrismo que debe quedar atrás.