viernes, 22 de marzo de 2013

Libros olvidados buscan un nuevo hogar temporal en Costa Rica.




    Costa Rica se unió hoy a la Tercera Gran Liberación Mundial de Libros
SAN JOSÉ, COSTA RICA (21/MARZO/2013).- Cientos de libros "olvidados", o más bien "liberados" por sus dueños, buscan un nuevo hogar temporal en Costa Rica antes de ser dejados de nuevo en sitios públicos para que otro lector los recoja.
Costa Rica se unió hoy a la "Tercera Gran Liberación Mundial de Libros", un evento promovido desde redes sociales que consiste en motivar a las personas a dejar un libro en algún sitio público para que otra lo recoja y tenga oportunidad de leerlo.

Esta iniciativa nació en Argentina, cuando un grupo de personas creó el "Club de los Libros Perdidos" con el fin de invitar a otros a dejar "olvidado" un libro importante en su vida, y que quisieran compartir con un desconocido.

La idea se ha expandido por el mundo y hoy Costa Rica se unió a la campaña con el apoyo del Ministerio de Educación, la Embajada de Estados Unidos, empresas privadas y de cientos de ciudadanos que decidieron liberar un libro de sus bibliotecas personales.

El ministro costarricense de Educación, Leonardo Garnier, invitó a sus compatriotas a participar en la jornada a través de un vídeo oficial en redes sociales, y además indicó a través de su cuenta de Facebook que hoy "perdió" cuatro libros en la comunidad de Santa Cruz, en la provincia costera de Guanacaste.

Entre los libros que Garnier liberó destacan "Cien años de soledad", de Gabriel García Márquez, y "Canto a mí mismo", de Walt Whitman.

El ministro publicó además fotografías del momento en que dejaba sus libros en el parque de la comunidad, con la esperanza de que otra persona los recogiera.

Según el "Club de los Libros Perdidos", el único requisito es escribir en la primera página del libro que se liberará, que ese ejemplar es un "libro perdido" que forma parte de la Liberación Mundial de Libros, y luego, dejarlo en algún sitio público como un parque, una tienda, el cine, un museo, un templo o hasta en el transporte público.

El objetivo es que la persona que recoja el libro se comprometa a "liberarlo" nuevamente después de leerlo, para que el texto pueda pasar a un nuevo hogar temporal.

Cada persona que lo encuentre, lo lea y lo deje "olvidado" de nuevo debe escribir en la primera página el día y el lugar donde fue hallado el libro para, de esta manera, poder saber por dónde ha viajado el texto, y cuántos lectores ha tenido.

Cientos de personas han comentado en redes sociales haber "perdido" o encontrado un libro hoy en diferentes partes del país y en diversas circunstancias como autobuses, farmacias, restaurantes, mercados y plazas. 

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