miércoles, 26 de junio de 2013

Crueza



Crueldad.

La palabra que hoy os presentamos procede del antiguo crúo, y este del latín crudus, "crudo", y es un sustantivo desusado para designar la crueldad, brutalidad, atrocidad, ferocidad, impiedad, inhumanidad, insensibilidad, salvajismo, truculencia e iniquidad del ánimo y los actos...

Tal y como hemos comentado, se trata de un término en desuso, aunque podemos encontrar numerosas referencias en la literatura del siglo XVI... Veamos un par de ejemplos:

El primero, en un fragmento de Un camarín, poema de Juan Rodrigo Alonso de Pedraza:

"...¡Oh, válame Dios, y qué sobrevienta
que siento al presente, y cuán gran turbación,
pues veo delante tan triste visión,
en nada apacible, según que lamenta!
Dolor excesivo me ha dado que sienta,
para la vida privar muy bastante.
Suplícote, Muerte, que pases alante,
no cures hacer de mí tanta cuenta.
Usa de ser muy bien comedida
conmigo, que en ver tu crueza,
mira que en Dama de tanta belleza.
Razón no consiente que falte la vida..."

Y el segundo, en el Canto de Silvano, obra de Hernando de Acuña:

"...¡Quién me dijera, cuando yo te daba
cuenta tan larga de las ansias mías,
que desventura tal se me guardaba!

¡Quién me dijera, Silvia, que encubrías,
so color de dolerte, la crueza
que al fin acabará mis tristes días!

No pienses que tendrá ya tu fiereza
lugar en mí do pueda ejecutarse,
que la fuerza que viste es ya flaqueza..."

DRAE: un deslucido contraste ante el diccionario brasilero Houaiss



Ricardo Soca 

El diccionario brasilero Houaiss, probablemente el más completo de la lengua portuguesa, ampliamente utilizado no solo en Brasil sino también en las universidades de Portugal, fue elaborado a lo largo de dieciséis años por el lexicógrafo carioca Antonio Houaiss (1915-1999), con un equipo de lingüistas que lo secundaron en este ambicioso proyecto. 

Editado actualmente por el Instituto Antonio Houaiss, con 242.000 acepciones detalladas en tres voluminosos tomos, contiene también un diccionario de morfemas, en cuyas entradas se describen detenidamente los detalles fonéticos, morfológicos y sintácticos de todos los fonemas de la lengua portuguesa. 

En la información lexicográfica, se marcan diatópicamente los vocablos propios del portugués de Brasil, así como los regionalismos de cada zona de este país continental. 

Se informa asimismo la etimología de los vocablos incluidos en la obra, la conjugación de cada uno de los verbos y se ofrece un detalle del primer testimonio escrito de cada palabra, en la diacronía. 

Al lado del Houaiss, da pena el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), con su esmirriado repertorio de 86.000 acepciones, recopiladas a lo largo de trescientos años por centenares de académicos. 

Sin embargo, esta merece, al menos, que se quiebre una lanza en su favor por las ventajas de su diccionario digital en disco, ofrecido solo en la versión comercial, puesto que la que se ofrece en la web se limita a espejar la rusticidad de la edición impresa. 

La versión en DVD, en cambio, merece elogios por la riqueza de su hiperestructura, con búsquedas por etimología, por marcas diatópias, diacrónicas y estilísticas, por categoría sintáctica, entre muchos otros recursos que no es fácil hallar en diccionarios electrónicos de nuestra lengua. 

La edición web del DRAE presenta una única, aunque importante ventaja sobre las de soporte papel y DVD: los adelantos para la edición de 2014, que se muestran separadamente. La decisión de mostrarlos en separado pone en evidencia que el formato en disco arrastra rémoras de la edición impresa: en efecto, no hay razón alguna para mostrar las novedades previstas para 2014 separadas de las ya publicadas en la vigésima segunda edición, de 2001. 

Se podría creer que el Houaiss, una obra de autor confeccionada en poco más de tres lustros, alcanza una meta suprema en la lexicografía mundial. Sin embargo, hay que precisar que contiene apenas la mitad de las entradas delWebster's Third New International Dictionary, que en la edición de 1993, publicada hace ya veinte años, llegaban a 470.000, cinco veces y media más que el DRAE, con su larga historia y con el ingente presupuesto que la Academia recibe tanto de sus poderosos patrocinadores privados como del Estado. 

Sigue pendiente, pues, una vieja deuda de la RAE para con los hispanohablantes, que necesitamos obras lexicográficas más completas que las que se nos ofrecido hasta ahora, que abarquen la lengua de todos los países, sin ese eurocentrismo que debe quedar atrás. 

Matilde Alba Swann



BIOGRAFÍA

Matilde Kirilovsky de Creimer, que fue conocida como Matilde Alba Swann, nació el 24 de febrero de 1912, era hija de Alaquin Kirilovsky y de Emma Ioffe.
Fue una de las pocas mujeres de su tiempo que logró tener una licenciatura universitaria, estudió en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata, y una profesión, ya que ejerció como abogada durante más de cincuenta años.
Se casó con Samuel Creimer,y tuvo cinco hijos.
Fue asesora en temas de minoridad del Ministerio de Acción Social, del Ministerio de Salud y de diversos Gobernadores de la Provincia de Buenos.
Publicó ocho libros de poemas que la llevaron a recibir distintas menciones e incluso a ser propuesta para el premio Nobel de Literatura en 1992.
Como periodista condujo audiciones de literatura en las radios Provincia de Buenos Aires y Universidad de La Plata; fue colaboradora permanente del Diario El Día de La Plata. Fue corresponsal de guerra del Diario El Día en la guerra de las Malvinas; y colaboradora de la Página literaria del Diario La Capital de Mar del Plata.
Falleció en La Plata el 13 de setiembre del 2000.



BIBLIOGRAFÍA

Canción y grito (1955)
Salmo al retorno (1956)
Madera para mi mañana (1957)
Tránsito del infinito adentro (1959)
Coral y remolino (1960)
Grillo y cuna (1971)
Con un hijo bajo el brazo (1978)
Crónica de mi misma (1980)

PREMIOS

2do. Premio de Poesía Ilustrado Municipalidad de La Plata - 1971
Premio Municipal de Literatura de La Plata
Premio Provincia de Buenos Aires -poesía- 1991
Premio Santa Clara de Asís de 1991
Promoción para el premio Nobel de Literatura 1992
ENLACES

Diástole (figura literaria)

En retórica, la diástole (o éctasis) es una figura literaria de dicción que en latín permitía que una sílaba breve se pronunciara como larga. En lenguas donde no existe la cantidad vocálica, como el español, la figura se aplica a la acentuación: adelantar la posición del acento de una sílaba a la siguiente (en ocasiones, con el objeto de facilitar ciertas rimas).

Francisco Porrúa, el editor de ‘Rayuela’ y otros libros que cambiaron la literatura



Celebrar el medio siglo de la publicación de Rayuela, la novela de Julio Cortázar que cambió entre otras cosas el lugar del lector en este mundo, y no mencionar a Francisco Porrúa, sería tanto una injusticia como perder una oportunidad para hablar del editor que, haciendo lo que él considera sólo su labor, transformó para siempre el panorama de la Literatura.
Francisco Porrúa, Paco Porrúa, el gallego de Corcubión que el azar y la necesidad llevaron a la Patagonia argentina en 1924 porque su padre, marino mercante, había solicitado un puesto en tierra para poder estar más tiempo con su mujer. La familia recaló en Comodoro Rivadavia cuando Porrúa no había cumplido aún los dos años (nació en 1922) y allí, en un lugar que según su expresión entonces “era el Far West”, se instalaron en una casa a las faldas del cerro Chenque, accidente geográfico propio de la meseta patagónica en ese lugar de la provincia del Chubut que acaba en el mar, y cuyo nombre remite a la presencia en la zona de los primitivos pehuenches.
Es un editor que no ha escrito sus memorias, y bien que podría –o debería–, porque por sus manos ha pasado la literatura del siglo XX que anticipó la modernidad todavía vigente en el XXI.
En enero de 1955 Cortázar le cuenta a un amigo que la última liquidación semestral del libro “arrojó la suma de doce pesos”. A pesar de aquel desalentador resultado económico, Porrúa tuvo claro que quería apostar por un autor que había continuado escribiendo cuentos como los reunidos en un volumen titulado Final del juego que se publicó en 1956 en México o Las armas secretas, en 1959, en Sudamericana.
El escritor argentino Marcelo Cohen hacía mucho que me había animado a escribirle, si es que yo quería seriamente seguir investigando sobre la vida y la obra de Cortázar, para que me contara su experiencia como editor, ya que se prodigaba muy poco y era difícil encontrar datos. Él por supuesto había conseguido entrevistar a su amigo y admirado editor en Buenos Aires, en abril de 2003, y, en noviembre del mismo año, la Feria del Libro de Guadalajara (México) le hizo un homenaje del que Rodrigo Fresán escribió una crónica entrañable, y pocas cosas más había publicadas sobre él.
Por suerte, en marzo de 2004 la Universidad de Cádiz logró que Porrúa participara en una mesa redonda titulada En la Rayuela con Jean Andreu, Mario Muchnik y Nieves Vázquez, la organizadora del ya mítico encuentro “Veinte años sin Julio Cortázar”. Después de aquel homenaje pensé que no tenía que demorar más el mandato de Marcelo Cohen y así fue como le pedí una cita y un sábado de finales de septiembre de 2004 Porrúa me recibió en su casa de Barcelona.
Recuerdo aquella tarde en la terraza con vistas a las copas de los árboles del Parque de la Ciudadela como un viaje en el tiempo donde Porrúa evocó al niño para quien el universo estaba en torno a una casa respaldada por el cerro Chenque y donde el camino, la playa y el mar fueron en su infancia “una especie de revelación de la inmensidad”. “Yo era muy feliz”, confesó, y a la vez recordó el llanto de su madre porque echaba de menos los paseos con sus amigas por la orilla de la ría –como símbolo de todo lo perdido–. Yo también pensé en las lágrimas de mi madre por lo mismo, por haber dejado a su familia en su pueblo abulense rodeado de pinares tras la aventura de embarcarnos para ir a hacer la América también a la Patagonia, aunque un poco más al Norte, en la provincia del Río Negro.
En aquella conversación –me contó algunas cosas que yo le prometí guardar solo para mí, y eso hago– recordó los dos años y medio que estuvieron en España en tiempos de la República para que su madre se repusiera de una enfermedad cerca de su familia.
Cuando por fin Cortázar termina Rayuelahablaron de la edición y Porrúa dice que si bien estaba publicando todo en Sudamericana, Cortázar tenía la impresión de que era “una editorial poco formal todavía paraRayuela”. Después de intercambiar varias cartas sobre el tema (que lamentablemente no se han conservado), Cortázar decide que la novela sea para la editorial.
“España me pareció un lugar muy ameno” –dice–. “Quizá la ausencia de padre ayudaba a que yo me sintiera un poco más libre, pero volví a Comodoro (Rivadavia) y yo sentía que esa era mi tierra”. En aquel lugar, donde nacieron también sus tres hermanos, la morriña no era privativa de los gallegos sino de todos los inmigrantes que poblaron la ciudad que en su infancia era sobre todo un campamento petrolero que atraía trabajadores de todos los confines.
Después, a los 18 años, hizo su propia emigración de Comodoro Rivadavia a Buenos Aires (a 1.471 kilómetros) para estudiar en la Facultad de Filosofía y Letras donde hizo un camino que lo llevó a fundar la editorial Minotauro en 1954, lo que supuso su desdoblamiento en Luis Domènech, Ricardo Gosseyn, Francisco Abelenda o F. A., pseudónimos con los que se ocupó de traducir a los mejores autores de ciencia ficción que publicó después de su primer título, Crónicas marcianas, de Ray Bradbury, con un prólogo de Jorge Luis Borges en el que se preguntaba qué había hecho ese hombre de Illinois para que episodios de la conquista de otro planeta "me pueblen de terror y de soledad”.
Luego vino su salto a Sudamericana en 1958, de la mano de Jorge López Llovet, hijo del director Antonio López Llausás. Entonces fue cuando encontró, arrumbado en los sótanos, Bestiario, el primer libro de Julio Cortázar, publicado en 1951 justo antes de que se marchara definitivamente a Europa.
En enero de 1955 Cortázar le cuenta a un amigo que la última liquidación semestral del libro “arrojó la suma de doce pesos”. A pesar de aquel desalentador resultado económico, Porrúa tuvo claro que quería apostar por un autor que había continuado escribiendo cuentos como los reunidos en un volumen titulado Final del juego que se publicó en 1956 en México o Las armas secretas, en 1959, en Sudamericana.
Y entonces, en 1960, cuando le publica la novela Los premios Cortázar ya empieza a hablarle de que está escribiendo un libro muy diferente, una obra insólita, “que sobre todo sorprenderá a los editores”.
Cuando por fin Cortázar termina Rayuela hablaron de la edición y Porrúa dice que si bien estaba publicando todo en Sudamericana, Cortázar tenía la impresión de que era “una editorial poco formal todavía para Rayuela”. Después de intercambiar varias cartas sobre el tema (que lamentablemente no se han conservado), Cortázar decide que la novela sea para la editorial.
Lo que sucedió fue que “entonces Sudamericana no parecía apta paraRayuela, pero Rayuela la hace apta para otras cosas” y en su opinión “la introducción de una obra que parece ajena al catálogo, cambia el carácter del catálogo”.
En este punto Porrúa modula el grave tono de su voz para recordar con entusiasmo que la publicación deRayuela, que lo había dejado “bastante desasosegado” cuando terminó de leer por primera vez el manuscrito, provocó “algo curioso, algo que ocurre a los editores, y es que el catálogo es el que hace al editor”.
Lo que sucedió fue que “entonces Sudamericana no parecía apta para Rayuela, pero Rayuela la hace apta para otras cosas” y en su opinión “la introducción de una obra que parece ajena al catálogo, cambia el carácter del catálogo”.
La afirmación de Porrúa se puede corroborar simplemente repasando la solapa de la primera edición de Rayuela, donde aparece una lista de otras publicaciones de Sudamericana.
Junto a las tres obras de Cortázar (BestiarioLas armas secretas y Los premios) en orden alfabético aparecen, como un corte sociológico, Sebastián J. Arbó, Francisco Ayala, Leónidas Barletta, Silvina Bullrich, Estela Canto, Arturo Cerretani, Attilio Dabini, M. de la Sota, V. Fernando, Manuel Gálvez, Sara Gallardo, Carmen Gándara, Alberto Gerchunoff, M. Lancelotti, Norah Lange, Enrique Larreta, Luis M. Lozzia, Eduardo Mallea, León Mirlas, Juan Carlos Onetti (La vida breve), Bernardo Verbistky, Elvira Orphée, Pepita Serrador, Leopoldo Marechal (Adán Buenosayres), Conrado Nalé Roxlo y Richard Wright.
Se exagera el papel del individuo, es una cosa de la situación del siglo XX, con la edad se ve, lo verás tú también
Pasados los preceptivos cincuenta años que diría Jorge Luis Borges para considerar que un libro ha sobrevivido, a efectos del catálogo no está mal la pléyade reunida por el editor hasta entonces aunque él todavía defiende la idea de que Roberto Calasso “es el editor más grande” porque “Adelphi es una colección que la puedes comprar toda”.
No acepta los halagos que le prodigo en cuanto a su papel decisivo del editor que con su sensibilidad contribuye a transformar toda una época. “Yo estoy absolutamente convencido de que no soy el hacedor de nada” –me contradice. “Yo tengo historias que parecen anécdotas de lo sobrenatural sobre cómo he recibido algunos libros” –agrega para tratar de convencerme y entonces habla de cómo llegó a sus manos Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, porque vio en el manuscrito de Los nuestros, que le proponía Luis Harss vio en un capítulo "un nombre desconocido entre toda esa fila de héroes" y quiso leer algo suyo.
Para minimizar la idea de su importancia como editor, cuenta que algo similar le ocurrió con El señor de los anillos, ya que supo que habían quedado libres los derechos de esa obra de Tolkien que tenía entonces Jacobo Muchnik en Fabril Editores y decidió publicarlo.
“Se exagera el papel del individuo, es una cosa de la situación del siglo XX, con la edad se ve, lo verás tú también” –replica cuando le señalo la humildad con la que habla de decisiones como esa que luego le permitió vender la editorial Minotauro y retirarse, o haber publicado Rayuela oCien años de soledad.
“No es humildad, es realismo, es comprender lo que ocurre” –dice– y trae a colación la frase “las cosas no se hacen, pasan” para recordarme que eso está presente “en toda la literatura kármica, oriental, en muchos europeos occientales, la corriente del determinismo”.
Y aunque como él mismo afirma “no se puede decir de ningún modo que soy el que era hace treinta o cuarenta años” Francisco Porrúa es, sobre todo, el hombre cuya primera reacción después de leer Rayuela fue decirle a Cortázar “Tengo ganas de tirarte el libro a la cabeza”. Justamente lo que esperaba de su editor hace ahora cincuenta años el autor del libro que a tantos nos ha cambiado la vida e incluso a muchos se la ha salvado.

Las mil vidas de la Rayuela infinita


    La obra maestra de Cortázar cumple 50 años, y con una reedición actualizan un libro con un inagotable poder de seducción
GUADALAJARA, JALISCO (26/JUN/2013).- Antes fueron Bestiario y Las armas secretas, dos libros que tuvieron una recepción muy limitada en Buenos Aires, igual que había sido limitada la aceptación del primer libro de Jorge Luis Borges. Pero aquellos dos primeros libros de Julio Cortázar le abrieron al gran escritor de Rayuela, que entonces era un muchacho todavía, las puertas de un conocimiento excepcional que marcaría su trayectoria editorial y la propia existencia de su novela más famosa. El editor era Francisco Porrúa, trabajaba en Minotauro, pero pronto se asoció con Sudamericana, donde Cortázar acabaría publicando esa novela  que esta semana cumple 50 años (salió de imprenta el 28 de junio de 1963).

Rayuela empezó a crecer en seguida. Pero para llegar a ser la novela más exigente de Julio Cortázar, éste tuvo que cumplir algunos requisitos muy exigentes consigo mismo. En primer lugar, como él le contaría poco tiempo después a Luis Harss (Los nuestros, recientemente reeditado por Alfaguara), tuvo que desprenderse para escribir esa novela de modos y de precipitaciones que eran habituales en sus libros anteriores, y sobre todo en Los premios, un divertimento que precedió, hasta en ciertas estructuras, a la Rayuela que lo hizo escritor de culto en todo el mundo, para jóvenes y no tanto. Hasta entonces, concedía Cortázar en su conversación con Harss, se fijó poco en las personas y más en su propia imaginación, en las figuras que poblaban su mente y por tanto sus libros. Rayuela iba a ser rabiosamente humana; en otras palabras, era una novela del ser más que una novela del estar.

En sus conversaciones epistolares incesantes con Francisco Porrúa (que figuran en un apéndice de la edición de Rayuela con la que Alfaguara conmemora ahora el 50 aniversario de la primera edición) Cortázar hizo evidente esa preocupación existencialista de su obra y quizá de su pensamiento de la época, en el tiempo en que aún mandaban en la estructura intelectual contemporánea las consecuencias de la guerra en Europa. No sólo eso, también las heridas elementales que causaba en los emigrantes argentinos la lejanía de su patria. Era una novela extraña entonces, pues en ella cabía todo el mundo, como en las obras de Shakespeare. En esas conversaciones, así como en las notas editoriales, que eran asimismo abundantes, Cortázar dejó muy claro que él no quería engañar al lector, sino escribir una contranovela, un libro que no se pareciera a las novelas y que tampoco se pareciera a nada de lo que había escrito hasta entonces, aunque sería inevitable que los rayuelitas (como dice Harss) se sintieran también rayuelitas leyendo la extraordinaria colección de cronopios en los que Cortázar se hace eco de cosas que oye en la calle o en su casa.

Es un libro que la gente recuerda como un emblema. Del amor (capítulo siete), del existencialismo (la muerte, la conversación sin límite, el destino) y de la poesía. Quien toca este libro toca a un hombre, y no sólo toca a su autor, que es el médium en realidad de un aire que flotaba entonces, la extrañeza de la vida trasladada a la extrañeza de la literatura. ¿Por qué cautivó a tanta gente (y por qué indignó a algunos)? Porque era esperada. Y se convirtió en un lento éxito mundial. Una joya que aún se degusta como si no hubiera pasado medio siglo.    

Reconocen en libro contribución de Usigli al teatro mexicano



    'Rodolfo Usigli. Itinerario del intelectual y artista dramático'', libro de ensayos y documentos en su mayoría inéditos, sobre la vida y obra del dramaturgo mexicano, es presentado
CIUDAD DE MÉXICO (26/JUN/2013).-  Ensayos y documentos en su mayoría inéditos, mediante los cuales se rememora la vida y obra del dramaturgo mexicano, componen el volumen "Rodolfo Usigli. Itinerario del intelectual y artista dramático".

Presentado la víspera en el Centro Cultural del Bosque, la edición del Centro de Investigación Teatral Rodolfo Usigli, del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), es conmemorativa por las tres décadas de vida CITRU.

Los textos que contiene resaltan la labor de Usigli como prosista, poeta y estudioso de la tradición dramática, además de su gestión como animador cultural y sus infatigables esfuerzos en favor de la docencia y de la actividad teatral.

En el volumen, Ramón Layera es responsable como autor principal y editor de los capítulos que integran el libro; la presentaciones es de Teresa Vicencio, Rodolfo Obregón y Ramón Layera, mientras que la semblanza fue hecha por Margarita Mendoza López, Ramón Layera y Guillermina Fuentes.

Otros apartados son "Retrato del artista adolescente", sobre la escritura en la etapa formativa del dramaturgo, y "Usigli y la Semana Surrealista", acerca de su participación en las actividades programados para la visita, en 1938, de André Breton a México.

La publicación también contiene el capítulo "Tierra caliente", en el que se narra la invitación de José Clemente Orozco a Usigli para participar en un proyecto de teatro de revista.

Asimismo, "Vigencia y relevancia de Ruiz de Alarcón en los albores del teatro mexicano moderno", un ensayo de Ramón Layera, y "Teatro del Nuevo Mundo", sobre el proyecto pedagógico y teatral homónimo del dramaturgo.

Igualmente, "Encuentros con escritores", el cual detalla las reuniones que tuvo con autores como George Bernard Shaw, T. S. Eliot, H. R. Lenormand y Robert Graves, y "Bitácora de una amistad", que reúne parte del intercambio epistolar que sostuvieron Octavio Paz y Usigli.

De acuerdo con información del INBA, el libro está ricamente ilustrado con imágenes de facsimilares de documentos, dibujos, programas de mano, carteles y fotografías pertenecientes al archivo personal del autor de "El gesticulador", que en 1996 adquirió la Miami University de Oxford, Ohio.

El espíritu de Renato Leduc vuelve a ''La jalisciense'


    La cantina ''La jalisciense'', fue punto de encuentro para tertulia entre periodistas, poetas y amigos de Renato Leduc que presenciaron la presentación de ''Soy un hombre de pluma y me llamo Renato''
CIUDAD DE MÉXICO (26/JUN/2013).-  La tertulia fue entre periodistas, poetas y amigos de Renato Leduc. El punto de encuentro, la cantina "La jalisciense", postrero reducto donde "el último gran bohemio de México", según Carlos Monsiváis, volcó sus bufonadas. El pretexto, presentar "Soy un hombre de pluma y me llamo Renato".

El libro, dado a conocer entre mezcal de excepcional producción (sólo se embotellaron 40 muestras de esa producción), añoranzas y un número difícil de cuantificar de chistes, anécdotas y aforismos del ingenioso don Renato, se debe a una iniciativa que tardó año y medio en madurar, según se informó.

Todo sucedió la víspera en el corazón de Tlalpan, sitio donde vio la luz primera el poeta y periodista Leduc, cuyo espíritu volvió a rondar entre las mesas y sillas de "La jalisciense". En el acto, Fred Álvarez y Pepe Alcaraz, coordinadores y por lo mismo estrategas del libro, acogieron a los "Leduccistas" de hueso colorado.

En la arenga, ambos coordinadores informaron que viene a ser una suerte de "libro que faltaba por hacer sobre ese personaje entrañable. Muchos se han escrito sobre su vida y obra, pero ninguno había reunido de manera tan puntual y precisa sus fabulillas inéditas ni sus crónicas periodísticas más celebradas".

En "Soy un hombre de pluma y me llamo Renato", editado por Artes e Historia de México, se dan cita, abundaron, vates y periodistas como Humberto Musacchio, Jorge Meléndez, José Falconi, Gonzalo Martré, Higinio Chávez, Angélica Galicia, Oralba Castillo y Raúl Casamadrid.

Del poeta Roberto López Moreno se transcribe el discurso que pronunció durante el acto en el que se impuso el nombre de Avenida Renato Leduc a la anticuada Avenida del Ferrocarril, en la delegación Tlalpan, y de Vicente Quirarte, académico de la lengua, se incluyen sus palabras para evocar a Leduc en el Bar Mancera.

El libro encierra a todo el Leduc que el grueso de la gente conoció y recuerda con aprecio, pero, además, al Renato poco conocido. Entre otros textos se incluyó una entrevista con su hija Patricia, una entrevista-charla entre Francisco Liguori y Renato Leduc con Oralba Castillo y colaboraciones de prensa de este personaje.

Poemas y fabulillas del propio Leduc, ilustradas profusamente con fotografías que pertenecen al Archivo "Tomás Montero", dan vida a las 187 páginas del libro que con una cuota de recuperación de 200 pesos, se llevaron a casa muchos de los contertulios. Al final, un "¡Salud por Renato Leduc!" permeó la etílica atmósfera.

París rastrea los pasos de los personajes de ''Rayuela'



    'Rayuela'', antinovela de Julio Cortázar, dibuja, 50 años después de su publicación, los pliegues del mapa de París que sirve de guía para los viajeros
PARÍS, FRANCIA (26/JUN/2013).- "Rayuela" dibuja, 50 años después de su publicación, los pliegues del mapa de París. La antinovela de Julio Cortázar sirve de guía para los viajeros que buscan asomarse al arco que da a Quai de Conti o atravesar Pont Neuf, un viaje mágico que ahora puede hacerse de la mano de Instituto Cervantes.

Desde que el 28 de junio de 1963 Cortázar (1914-1984) publicase "Rayuela", cada lector puede fabricar en su mente su itinerario personal de la ciudad, una de sus grandes protagonistas.

Y ahora, mientras el París cultural se prepara para conmemorar el 12 de febrero de 2014 el centenario del nacimiento del autor que tanto amó esa ciudad, el Cervantes de la capital del Sena celebra el 50 aniversario de "Rayuela" con una exposición, un diccionario y una ruta virtual.

La muestra -comisariada por Juan Manuel Bonet, director del Cervantes de París-, el diccionario que la acompaña y la ruta virtual permiten seguir de diferentes maneras los encuentros y desencuentros de Horacio Oliveira y de sus amigos, gracias a la personalísima relación que Cortázar mantenía con las ciudades, a las que decía considerar "siempre" como mujeres.

"Mi relación con ellas ha sido siempre la de un hombre con una mujer", explicaba el autor de "Historias de famas y cronopios" (1962).

Así lo recuerda el escritor José María Conget en la presentación de esta ruta de la que es responsable y que, bajo el título de "¿Encontraría a la Maga?", lleva desde el muelle de Conti hasta el cementerio de Montparnasse, donde está enterrado Cortázar.

El tablero del paseo al que se accede por la página de la sede parisina del Cervantes conduce a lo largo de los 190 capítulos de la novela por el recorrido metafísico y existencialista de sus personajes "en la parte de acá", la de París, siendo "la parte de allá" la que sitúa la acción en Buenos Aires.

Desde el "Quia de Conti, situado en el céntrico distrito VI de París, empieza uno de los dos recorridos posibles que Cortázar ofrece a su lector, con la pregunta "¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo de la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río ...".

De la orilla izquierda del Sena, a la derecha, con varias idas y vueltas de un lado a otro del río que atraviesa la ciudad, pasando por el Museo del Louvre o el restaurante "Au chien qui fume", hasta terminar en la tumba del escritor, esta ruta propone la visita virtual o acompañado de su guía impresa.

Son 27 etapas, con fotografías, explicaciones históricas y turísticas, además de fragmentos de la novela que llevan al viajero por lugares tan emblemáticos como el Pont Neuf, donde se despiden Horacio y la Maga; la rue de la Huchette, uno de los lugares asociados con las especulaciones metafísicas de Horacio Oliveira, o la rue Daval, donde el azar prepara un encuentro a la pareja.

En esta guía, algunos de los sitios "rayuelianos" quedan "fuera de ruta", pero no por ello son menos fundamentales en la novela, como el Boulevard de Sébastopol, donde deambularía la Maga cuando Horacio no daba con ella por casualidad, la Gare de Lyon, o el Parque Montsouris.

La exposición, comisariada por Bonet para celebrar la obra maestra de Cortázar, reúne un conjunto de cuadros, dibujos y fotografías que ilustran la relación del escritor con la ciudad donde residió desde 1951 hasta su muerte.

En particular pueden verse hasta el próximo 12 de julio obras de Pat Andrea, Eduardo Jonquières, Julio Silva y Sergio de Castro, amigo de Cortázar a quien inspiró el personaje de Étienne de "Rayuela".

Varias fotografías de los años cincuenta del siglo XX dan cuenta de la intensa relación del escritor con el jazz en esta muestra que incluye cartas y manuscritos así como un ejemplar de la primera edición de "Rayuela", junto con otras obras de Cortázar en las que París desempeña un papel central.

Recopilan primeros testimonios de supervivientes del Holocausto



    El Servicio Internacional de Rastreo de Bad Arolsen, publica un extenso libro con los sobrecogedores primeros testimonios de los supervivientes del Holocausto
BERLÍN, ALEMANIA (26/JUN/2013).- El Servicio Internacional de Rastreo (ITS) de Bad Arolsen (oeste de Alemania) ha publicado un extenso libro con los sobrecogedores primeros testimonios de los supervivientes del Holocausto, una obra que recopila cartas, diarios y ensayos de quienes sufrieron en primera persona los campos de concentración.

"Durante mi estancia ningún acontecimiento especial; todos los días las mismas incineraciones y torturas", narra Helena Rosenbaum, una de las supervivientes del campo de concentración de Auschwitz (Polonia).

Su experiencia se encuentra recogida en uno de los mil 100 cuestionarios que los supervivientes rellenaron a principios de los años 50 y que forman parte del archivo del ITS, incluidos ahora en el libro.

"Excavaciones: supervivientes-recuerdos-transformaciones" es una compilación de los recuerdos de las víctimas del nacionalsocialismo tras la Segunda Guerra Mundial, una muestra de que los supervivientes "no guardaron silencio durante los primeros años sino que pronto comenzaron a analizar su sufrimiento", explicó la directora de Investigación del ITS, Susanne Urban, en un comunicado.

El libro incluye también datos recabados de los cuestionarios realizados por los aliados tras la liberación de los campos de concentración nazi y del Registro de Personas Desplazadas.

"Las fuentes son interesantes, únicas y complejas y por eso ofrecen espacio para diferentes planteamientos de investigación", señaló Urban confiando en que la obra sea "un incentivo para adentrarse más profundamente en el tema".

En opinión del director de Literatura del Holocausto en la Universidad de Giessen, Sascha Feuchert, el trabajo con estos primeros testimonios es fundamental ya que muchos textos inmediatos a la guerra "han quedado fuera de la memoria cultural".

"Se encontraron con el rechazo", aclaró Feuchert, convencido de que es tiempo de "descubrirlos y consultarlos nuevamente".

Junto a estos primeros testimonios, el libro también analiza si los recuerdos de los supervivientes sobre el tiempo de la persecución han cambiado a lo largo de los años y cómo se ha desarrollado el trato con hijos y nietos.

La serie de anuarios de ITS comenzó en 2012 con el objetivo de, según explican, implicarse en el discurso científico e interdisciplinar sobre las persecuciones del nacionalsocialismo.