jueves, 23 de enero de 2014

Feliz cumpleaños Jorge Ibargüengoitia.

GUADALAJARA, JALISCO (22/ENE/2014).- El 27 de noviembre de 1983, un Boeing 747 se estrelló en Madrid. Todos sus pasajeros perdieron la vida. En ese avión viajaba Jorge Ibargüengoitia.

Hoy se celebra el natalicio del novelista, cuentista y dramaturgo Jorge Ibargüengoitia, quien “era un hombre fundamentalmente alegre: llevaba un sol adentro. Jorge era agudo, dulce y alegre”, así lo definió la artista plástica Joy Laville, su pareja por dos décadas. Ambos vivían en París desde 1975.

A los 18 años, el autor de Los relámpagos de agosto ingresó a la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ibargüengoitia cuenta que las mujeres entre las que creció, incluida su madre, esperaban que fuera ingeniero y que recuperara la fortuna que alguna vez ellas habían tenido.

Sin embargo, a los 21 años, Jorge decidió abandonar la carrera para dedicarse a escribir. Entró a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y se inscribió en la clase de Composición Dramática, que en ese entonces encabezaba Rodolfo Usigli, quien fue el responsable de darle confianza al joven escritor. Le dijo que tenía facilidad para el diálogo: “Con eso me marcó: me dejó escritor para siempre”, escribió el guanajuatense en Jorge Ibargüengoitia escribe de sí mismo, que se encuentra en el libro Instrucciones para vivir en México.

Jorge creía que su carrera como escritor tomaría fuerza por el lado del teatro, pero aunque publicó sus dos primeras comedias en 1954 y 1955, en 1957 le vino una mala racha: acumuló deudas y escribió seis obras de teatro que nadie tomó en cuenta. Esta malhadada situación se compuso en 1962, cuando escribió El atentado, su última obra de teatro, con la que ganó el Premio Casa de las Américas en 1963.

En el artículo El burladero de Ibargüengoitia (Letras Libres, octubre de 2013), el escritor Enrique Serna escribe que “en la segunda mitad del siglo XX, cuando la mascarada nacional adquirió tintes particularmente grotescos, por la decadencia de un monolito institucional que empezaba a resquebrajarse, Jorge Ibargüengoitia la retrató con una rara mezcla de sutileza y causticidad que para muchos sigue teniendo un efecto catártico”.

Aunque premiada, El atentado no se estrenó en México hasta 1975. La obra abordaba la muerte de un político mexicano en 1928 a manos de un católico. Dice Ibargüengoitia que durante 15 años las autoridades no la prohibieron, pero recomendaron a los productores que no la montaran, ya que profanaba a una figura histórica. Fue después de la publicación de esta obra de teatro que Ibargüengoitia descubrió el terreno fértil de la novela. 

En 1964 recibió de nuevo el Premio Casa de las Américas por Los relámpagos de agosto, su primera novela, en la que abordó la última parte de la Revolución Mexicana basándose en las memorias de un general revolucionario, una forma común en el México de entonces.

La novela le hizo comprender que “el medio de comunicación adecuado para un hombre insociable como yo es la prosa narrativa: no tiene uno que convencer a actores ni a empresarios, se llega directo al lector, sin intermediarios, en silencio, por medio de hojas escritas que el otro lee cuando quiere, como quiere, de un tirón o en ratitos y si no quiere no las lee, sin ofender a nadie —en el comercio de libros no hay nada comparable a los ronquidos en la noche de estreno—”.

Escribió tres cinco novelas: Maten al león (1969), Las muertas (1977) y Los pasos de López (1982), cuya tendencia, según el autor, pertenece a lo público, ya que cuentan hechos reales y conocidos (la vida y muerte de un tirano hispanoamericano; los asesinatos ocurridos en el interior de un burdel; los inicios de la guerra de Independencia de México), pero con personajes imaginarios.

El círculo narrativo de Ibargüengoitia se completa con Los cuentos de La ley de Herodes (1967), Estas ruinas que ves (1974) y Dos crímenes (1979), cuya tendencia es “más íntima, generalmente humorística, a veces sexual”.

¿Qué dicen los escritores sobre la obra de Ibargüengoitia? Enrique Serna escribió en Letras Libres que Ibargüengoitia era un escritor naturalmente inclinado a la farsa exenta de las rispideces que el género conlleva: “La estética de lo grotesco exige un alto grado de empatía con los personajes, aunque sea una empatía dictada por el odio. Ibargüengoitia se alejó de esos terrenos cuando pasó del teatro a la narrativa. No condenaba defectos en nombre de la moral: ridiculizaba conductas en nombre de la belleza. Su distanciada y tersa observación del carácter no amortigua la violencia de la farsa, pero evita el derramamiento de sangre y subraya la coherencia interna del enredo absurdo”.

Por su parte, en la edición crítica de El atentado y Los relámpagos de agosto (Fondo de Cultura Económica y Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2002), Juan Villoro resaltó que Ibargüengoitia fue el cronista rebelde de una nación avergonzada de su intimidad e incapaz de ver en su Historia otra cosa que próceres de bronce: “Para él, los héroes no se forjan en el cumplimiento del deber, sino de los avatares de su muy humana condición. La satisfacción de los deseos más nimios y los insondables azares provocan las peripecias que los políticos y la costumbre transforman en epopeyas. Desmitificador de tiempo completo, Ibargüengoitia buscó los vínculos entre la alcoba y el poder, los vapores de la cocina y el Palacio Nacional. Escribió a contrapelo en un país donde los gobiernos emanados de la Revolución definieron la vida pública de 1929 a 2000”.

Villoro, escritor y periodista mexicano, explicó que algunos de los primeros críticos del guanajuatense confundieron las obras con su tema: “La irreverente apropiación de la Historia nacional despertó el repudio de los oficiosos beatos del santuario tricolor y el recelo de analistas más exigentes, aunque sin duda convencionales, que pedían un trazo menos burdo de un paisaje intrincado”.

En Antología de la narrativa mexicana del siglo XX, Christopher Domínguez Michael destaca que Jorge “hizo de su obra, trágicamente truncada, un corrosivo alegato en favor del humor sarcástico y la ironía antihistórica. Con Los relámpagos de agosto realizó una regocijante parodia de la Novela de la Revolución Mexicana, cuyas mayúsculas supo borrar”.

De enero de 1969 a junio de 1976, Ibargüengoitia colaboró en el periódico Excélsior, invitado por el periodista Julio Scherer, quien quería que el guanajuatense escribiera una vez a la semana artículos sobre cualquier tema que le interesara.

“Mientras él hablaba yo pensaba que mi vida periodística iba a durar aproximadamente un mes. Cuatro artículos, creía yo, bastaban para poner todo lo que yo tenía que decir. Sobre todo, la idea de tener que sentarme a escribir todos los lunes, como una gallina que pone un huevo, me aterraba”, cuenta Ibargüengoitia en un artículo de 1975.

En Notas sobre la selección y la edición, del libro Instrucciones para vivir en México, Guillermo Sheridan afirmó que Jorge tuvo la capacidad de ofrecer periodismo de calidad, “propio de quien está elaborando un estado de ánimo y, con inteligencia y rigor, es capaz de traducirlo en un estilo peculiar para observar y redactar su realidad”.

FRASE

"
Una buena parte de los mexicanos vive del favor gubernamental, que es como vivir en el seno materno, que no es lugar propicio para desarrollarse cuando tiene uno cuarenta años

Jorge Ibargüengoitia
, escritor.

OBRAS

NARRATIVA


“Los relámpagos de agosto”

“La ley de Herodes”

“Maten al león”

“Estas ruinas que ves”

“Las muertas”

“Dos crímenes”

"Los pasos de López”

TEATRO

“Susana y los jóvenes”

“Clotilde en su casa”

"La lucha con el ángel”

“Llegó Margó”

“Ante varias esfinges”

“Tres piezas en un acto”

“El viaje superficial”

“Pájaro en mano”

“Los buenos manejos”

“La conspiración vendida”

“El atentado”

OBRA PERIODÍSTICA

“Viajes por la América ignota”

“Sálvese quien pueda”

“Instrucciones para vivir en México”

“La casa de usted y otros viajes”


No hay comentarios:

Publicar un comentario