domingo, 30 de marzo de 2014

Cien años de Bohumil Hrabal.


    Expulsado de gremios de escritores en los sesenta, paradójicamente con el paso de los años se consagró como el escritor de culto que ahora es
GUADALAJARA, JALISCO (27/MAR/2014).- Este viernes, Bohumil Hrabal habría cumplido cien años, y cuando los temas son esquivos y los motivos faltan, un centenario ofrece algo más que un pretexto para traerlo a la memoria y esgrimir unas notas breves sobre él, sobre su obra.

Hrabal representa por sí mismo al hombre y la cosmovisión de la Europa Central de la postguerra. Su obra y su biografía no pueden ser ajenas a los espasmos geopolíticos. Su patria, Checoslovaquia, ha sido muestra de esas convulsiones caprichosas: primero fue parte del Imperio austrohúngaro hasta la primera guerra mundial; después, desde 1918 se instaura como un territorio independiente (llamada propiamente Checoslovaquia, ahora sí); durante la segunda guerra mundial fue parte de Alemania por un breve periodo; y en 1993 termina dividiéndose en la República Checa, y Eslovaquia. 

Este reacomodo repercute,  sin duda en la producción literaria de Hrabal, quien se ve obligado en varias ocasiones a dejar de publicar, o a hacerlo solamente fuera de su país. Durante la ocupación Rusa a Checoslovaquia en 1968, Hrabal fue censurado, expulsado de gremios de escritores, repudiado por corrientes literarias y, en fin, con todo ello, involuntariamente consagrado como el escritor de culto que ahora es.

Bohumil Hrabal escribe lo común desde lo atípico, desde la excepción. Su obra incluye una exquisita y puntual observación de lo cotidiano, pero sin ceder a la tentación del cuadro de costumbres, sino que lo reviste de un humor que transita entre el surrealismo y el absurdo. Se angustia y se ríe porque escribe desde una lúcida apropiación de su tiempo y del estado de ánimo de la Checoslovaquia de la segunda mitad del siglo XX.

‘Alondras en el Alambre’,  su primera novela, se publicó en 1963 cuando Hrabal casi había llegado a los cincuenta años, lo que lo incluye entre los escritores que comenzaron formalmente su carrera literaria a una edad madura. Quizá fue porque, como alguna vez dijera el portugués José Saramago, “[antes] no tenía nada que decir”. En los más de treinta años siguientes, la obra de Bohumil Hrabal se multiplicó de manera exponencial no sólo en títulos sino en temas, tramas y experimentaciones. Regresó siempre a su estilo más reconocible: el collage, la superposición de anécdotas e historias, pero hizo también incursiones en formas narrativas más convencionales como es el caso de ‘Trenes rigurosamente vigilados’, cuya adaptación cinematográfica obtuvo en 1966 el Óscar a la mejor película extranjera.

Si este centenario es motivo para invitar a los lectores a acudir a la obra de Bohumil, hay que incluir en esta invitación por lo menos dos textos más con carácter de imprescindibles: ‘Yo serví al rey de Inglaterra’, que narra el devenir de un camarero que es testigo de hechos que conformaron la historia; y ‘Una soledad demasiado ruidosa’ un monólogo en el que, en boca de un obrero, expresa su postura sobre el papel del hombre común ante la posmodernidad. Ambos títulos existen en español editados por Galaxia Gutemberg, aunque a decir verdad no son particularmente sencillos de conseguir.

El alejamiento en el que se mantenía respecto a la fama y la sociedad, hace que aun hoy sea difícil saber si su muerte fue accidente o suicidio. Bohumil Hrabal murió a la edad de 83 años al caer de un quinto piso mientras alimentaba a unas aves. No pocas son las razones para creer que no fue accidental. Aunque, qué diferencia habría, las circunstancias de su muerte no modifican el corpus bibliográfico que construyó en tres décadas y que lo convierte en un autor que hay que leer para comprender una época, una cosmovisión, y una tradición literaria de la que conocemos Franz Kafka y a Milan Kundera como los referentes más visibles, y sin embargo muy distintos entre sí. Bohumil viene entonces a completar el cuadro.

El centenario de Hrabal se une a otros dos que nos son mucho más próximos, el de Octavio Paz a celebrarse el 31 de marzo, y el de Julio Cortázar que será el 26 de agosto. 2014 se convierte en un año para leer o releer clásicos vigentes u olvidados. Para los que conocen ya a Bohumil Hrabal, quizá releerlo los devuelva a la sensación de esos personajes que están en una recicladora de papel, o haciendo de guardagujas durante la ocupación nazi en Checoslovaquia. Para los que no lo conocían hasta ahora, podrían comenzar por ‘Trenes rigurosamente vigilados’ y ‘Yo serví al rey de Inglaterra’, y compararlas con las versiones cinematográficas que el director Jiři Menzel, hiciera en 1966 y 2006 respectivamente.

Sea por el centenario de su nacimiento, o por el medio siglo de ‘Alondras en el alambre’, leer a Bohumil Hrabal es un excelente proyecto para los próximos días de asueto, y ya en ese plan de celebración habrá que incluir en lista del festejo a ‘Rayuela’, ‘El perseguidor’, ‘Piedra de sol’, ‘El Arco y la Lira’.

No hay comentarios:

Publicar un comentario