martes, 27 de mayo de 2014

EPISTAXIS.





Hemorragia nasal

Epistaxis es un curioso sustantivo perteneciente al ámbito médico que procede del griego ἐπίσταξις, "goteo".

Y es que la epistaxis o hemorragia nasal se trata habitualmente de un proceso que no reviste mayor gravedad y que remite espontáneamente. En caso de que ocurra, la primera medida es inclinar la cabeza del paciente hacia delante e indicarle que él mismo se presione fuertemente su nariz con dos dedos durante cinco minutos cronometrados. Esta simple medida detiene la mayoría de las hemorragias...

A modo de ejemplo hoy os traemos un texto extraído del Tratado metódico y práctico de Materia médica, deAlexis Espanet:

"...Estas mucosidades pasan con frecuencia de las fosas nasales á la garganta, observándose al efecto como una especie de silbido en las mismas y una alteracion de la voz, que está como ronca, y denota el engruesamiento de la mucosa de la faringe. Como este estado secretorio es muy pronunciado en la membrana pituitaria, predispone á los catarros y epistaxis pasivas y abundantes..."

Almafuerte.



BIOGRAFÍA
Pedro Bonifacio Palacios, conocido como Almafuerte, nació el 13 de Mayo de 1854 en Sant Justo, provincia de Buenos Aires. Era de familia muy humilde y en su infancia perdió a su madre y fue abandonado por su padre. Se educó con unos parientes.
Su primera vocación fue la pintura, pero el gobierno le negó una beca para viajar a Europa a perfeccionarse. Esto provocó un cambio radical en su vida y se dedicó a la escritura y la docencia. Su vocación de maestro le llevó con 16 años ha dirigir una pequeña escuela en Chacabuco y más tarde en Trenque Lauquen. No tenía título alguno, pero sus métodos personales dirigían su enseñanza a un ámbito espiritual. Fue docente durante la presidencia de Sarmiento, aunque por sus poemas contra gobernantes fue destituido. Obtuvo un puesto dentro de la Cámara de diputados de la Provincia de Buenos Aires, y más tarde fue bibliotecario y traductor en la Dirección General de Estadística de dicha provincia. En 1887, se trasladó a La Plata e ingresó como periodista en el diario El Pueblo. Muy venerado por la juventud, recibió del Congreso Nacional una pensión vitalicia, por su trabajo. Desgraciadamente no llegó a cobrarla, ya que Almafuerte falleció pronto, el 28 de Febrero del 1917, a la edad de 63 años, en la ciudad de Plata (Buenos Aires).


BIBLIOGRAFÍA

Poemas
Lo que yo quiero
A la libertad
Hijos y Padres
Sin Truegua
Intima
Mi Alma (Paralela)
Dios te salve
Vade Retro
Ayer y Hoy
¡Avanti!
Pasión
Castigo
Como los Bueyes
¡Pobre Juan!
Adiós a la Maestra
¿Flores a mi?
Décimas
¿Por qué no mandas?
Tempestad
Invernal
Verano
A la Primavera

Obras
Lamentaciones- 1906 
Evangélicas - 1915 
Poesías - 1916 con el prólogo de Juan Más y Pí,. 
Poesías Completas - 1917 
Nuevas Poesías -1918
Milongas clásicas
Sonetos medicinales
Dios te salve
Discursos - 1919


ENLACES

Botella al mar para el dios de las palabras.





































Ponencia de García Márquez en el I Congreso Internacional de la Lengua Española

A mis doce años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: ¡Cuidado! El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: ¿Ya vio lo que es el poder de la palabra? Ese día lo supe. Ahora sabemos, ademas, que los mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo, y con tanto rigor, que tenían un dios especial para las palabras. Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder. La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas: nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual. Palabras inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor.

No: el gran derrotado es el silencio. Las cosas tienen ahora tantos nombres en tantas lenguas que ya no es fácil saber como se llaman en ninguna. Los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el destino ineluctable de un lenguaje global. La lengua española tiene que prepararse para un ciclo grande en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito propio de diecinueve millones de kilómetros cuadrados y cuatrocientos millones de hablantes al terminar este siglo. Con razón un maestro de letras hispánicas en los Estados Unidos ha dicho que sus horas de clase se le van en servir de intérprete entre latinoamericanos de distintos países. Llama la atención que el verbo pasar tenga cincuenta y cuatro significados, mientras en la república del Ecuador tienen ciento cinco nombres para el órgano sexual masculino, y en cambio la palabra condoliente, que se explica por sí sola, y que tanta falta nos hace, aun no se ha inventado. A un joven periodista francés lo deslumbran los hallazgos poéticos que encuentra a cada paso en nuestra vida doméstica. Que un niño desvelado por el balido intermitente y triste de un cordero, dijo: ``Parece un faro''. Que una vivandera de la Guajira colombiana rechazo un cocimiento de toronjil porque le supo a Viernes Santo. Que Don Sebastián de Covarrubias, en su diccionario memorable, nos dejo escrito de su puño y letra que el amarillo es el color de los enamorados. ¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismos un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cereza que sabe a beso?

Son pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que desde hace tiempos no cabe en su pellejo. Pero nuestra contribución no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entre en el siglo veintiuno como Pedro por su casa.

En ese sentido, me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los ques endémicos, el dequeísmo parasitario, y devolvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revolver con revólver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?

Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas a la mar con la esperanza de que les lleguen al dios de las palabras. A no ser que por estas osadías y desatinos, tanto él como todos nosotros terminemos por lamentar, con razón y derecho, que no me hubiera atropellado a tiempo aquella bicicleta providencial de mis doce años. 

Cinco años sin Mario Benedetti.



Hace pocos días, concretamente el 17 de mayo, hizo cinco años que nos dejó el gran Mario Benedetti. Gran escritor uruguayo y mejor poeta, acabó su vida con nada más y nada menos que unos 80 libros, muchos de los cuáles fueron traducidos a más de 20 idiomas.
Tan entrañables como su aspecto son cada uno de los versos que salieron de su pluma, porque aunque escribió narrativa y ensayo, entre otros géneros, hay que decir que la poesía era su pasión. Una pasión y un buen gusto por lo bonito, por lo romántico, por la vida, que se demuestra en los 38 libros de poemas que publicó. Pero no todo fueron alegrías y buenos momentos, ya que en su época de exilio también escribió sobre ello, como lo demuestran las obras Ex presos publicada en 1980 y “Viento del exilio publicada un año más tarde, en 1981.
Otra cosa buena que nos dejó fue su voz. Mario publicó diferentes cassettes ycds dónde se le podía escuchar narrando y recitando muchas de sus obras. Si resulta bello y conmovedor leer sus versos, más lo es sin duda escucharle a él de fondo mientras se sostiene uno de sus libros. Actualmente muchas de esas grabaciones podemos encontrarla en la web de Youtube.

“El amor, las mujeres y la vida”.

Así se titula uno de sus mejores libros y más vendidos. Esta obra reúne los mejores poemas de amor de Benedetti, donde habla de su interés por la vida, de sus pensamientos sobre ella, de la fe como mayor fuerza que mueve al hombre, del amor como compensación de la muerte, etc.
Benedetti en el bar con mozo 650x650 Cinco años sin Mario Benedetti
Fotografía del fotógrado Eduardo Longoni
En la edición de Punto de Lectura, podemos ver una frase de Mario en la contraportada del libro:
“El amor es uno de los elementos emblemáticos de la vida. Breve o extendido, espontáneo o minuciosamente construido, es de cualquier manera un apogeo en las relaciones humanas”.
Esta frase refleja bastante bien lo que era el amor en la vida para Mario Benedetti: algo muy grande que hacía olvidar todo lo malo, un regalo como compensación por las desdichas propias de la vida, un premio que cualquier persona debía disfrutar.
En esta obra podemos leer muchos de sus grandes poemas: “Todavía”, “Te quiero”No te salvesHagamos un trato“Soledades”,ViceversaTáctica y estrategia, “Si Dios fuera mujer”, y un largo etcétera que vale más la pena descubrir por uno mismo.
Aplaudo las palabras que su colega José Saramago, otro grande, le dedicó aún en vida: “Es un poeta  de una humanidad extrema”.
Y aunque ya no esté, aunque sus ojos se cerrasen para siempre hace cinco años, algo que nunca muere son las letras, y las suyas seguirán vivas para siempre.

Leixaprén.



El Leixaprén (palabra medieval compuesta de leixa, 'deja', y pren, 'coge') es un recurso estilístico característico de lascantigas de amigo gallegoportuguesas (aunque aparezca también, muy esporádicamente, en las cantigas de amor). Consiste en la repetición de los segundos versos de un par de estrofas como primeros versos del par siguiente.
Un ejemplo se puede ver en esta cantiga de Martín de Xinzo:
Como vivo coitada, madre, por meu amigo,
ca m'enviou mandado que se vai no ferido:
¡e por el vivo coitada!
Como vivo coitada, madre, por meu amado,
ca m'enviou mandado que se vai no fossado:
¡e por el vivo coitada!
Ca m'enviou mandado que se vai no ferido,
eu a Santa Cecilia de coraçón o digo:
¡e por el vivo coitada!
Ca m'enviou mandado que se vai no fossado,
eu a Santa Cecilia de coraçón o falo:
¡e por el vivo coitada!
Como se observa, los versos 2 y 5 (los segundos de las dos primeras estrofas) se repiten como primeros de la 3.ª y 4.ªestrofas, respectivamente.

Proveer.

Para manejar correctamente las diferentes formas de este verbo, necesitas tener claras dos cosas:
1. Proveer se conjuga como leer. Cuando dudes con una forma, busca la correspondiente de leer y tendrás la solución.
2. Los participios proveído y provisto se pueden utilizar indistintamente. Hoy resulta mucho más frecuente provisto, pero las dos formas son correctas.
Teniendo esto en cuenta, vamos a repasar el ejercicio:
a) no se han proveído plazas [correcto]
b) Las plazas provistas [correcto]
c) Las plazas proveídas [también correcto, aunque no se utiliza mucho]
d) Los excursionistas se proveyeron [correcto: leyeron - proveyeron]
e) Se están proveyendo los medios necesarios [correcto: leyendo  - proveyendo]
f) se provieron proveyeron de víveres [leyeron - proveyeron]
g) se están proviendo proveyendo los medios [leyendo - proveyendo]
h) impidió que se provieran proveyeran nuevas plazas [leyeran - proveyeran]
i) Me proveí de todo lo necesario [correcto: leí - proveí]
j) no se provió proveyó de nada [leyó - proveyó]


Fuente: http://blog.lengua-e.com/

Ortega en sus circunstancias.



A veces alguien escudriña la vida de un hombre durante cinco años y acaba pensando que apenas rozó el cofre del tesoro. Después de leer las 10.000 páginas publicadas de las obras completas y las cartas que siguen inéditas, las misivas que envió y las que recibió; después de atiborrar 20 libretas de notas y de llevar a cuestas a José Ortega y Gasset (1883-1955) como uno más de la familia durante un lustro, Jordi Gracia (Barcelona, 1965) concluyó: “Falta todavía algo a este libro que yo no he sabido encontrar. No he dado con la ruta que lleve a la intimidad de este hombre, al lugar de lo frágil y lo incierto, al espacio intersticial donde la luz se apaga, la melancolía rumia o los sentimientos se licúan sin fuerzas ni para pronunciarse”. ¿Frustración? “Es una manera retórica de decir que la intimidad es la pasión de pensar. Aquello que hace vibrar a ese sujeto, aquello que condiciona su vida es la vivencia potente, lúdica, intensa, feroz, de pensar... y es la musculatura de un señor de 70 años la que piensa con la vibración de un muchacho de 20”, replica.
Gracia, catedrático de Literatura y ensayista, acaba de publicar una biografía de 600 páginas sobre el pensador en la que hurga más en lo personal que en lo público. O mejor dicho, ha escrutado lo privado para contextualizar con más propiedad lo público. “La biografía no puede contar el día a día, pero sí necesita saber cómo es el día a día. Lo necesitamos para comprender la dimensión humana del sujeto. Las ideas de Ortega están vinculadas a momentos concretos de su vida”, sostiene durante una entrevista en la Fundación Juan March, corresponsable junto a la editorial Taurus de la colección Españoles Eminentes en la que se encuadra su libro.
Para ahondar en lo privado ha resultado crucial el acceso a todo el epistolario del autor de España invertebrada que aún permanece inédito. La correspondencia hacia, desde y sobre Ortega es una colección de apellidos irrepetibles: Azaña, Ocampo, Juan Ramón Jiménez, Maeztu, Unamuno, D’Ors, Zambrano o Bergamín. Un intercambio prolífico con los nombres más lustrosos del siglo XX. Y, sin embargo, Gracia intuye que Ortega era un hombre sin amigos. “Toda la correspondencia con todos es de usted. Fuera de la familia, la única persona con la que se tutea es Victoria Ocampo y yo creo que por iniciativa de ella. Resulta significativa esa incapacidad para gestionar las relaciones personales, para bajar del pedestal. La soledad radical de la que habla puede tener mucho de soledad personal y no sólo metafísica”.
La escritora y editora argentina Victoria Ocampo fue uno de sus tres amores. Una mujer capaz de rebatirle y hacerle sufrir. Aunque Ortega estuvo rodeado de poderosas mentes femeninas como las de sus discípulas Rosa Chacel o María Zambrano, su teoría sobre las mujeres no abandonó la caverna. “Es víctima del prurito teórico del filósofo. Hay teorías que han justificado la inferioridad de la mujer y Ortega se siente más cerca de esas teorías que de digerir la evidencia de que muchas mujeres incumplen ese patrón, para empezar por Victoria Ocampo, que denunciará esa miopía”, señala el biógrafo.
Examinar a ras al autor de La rebelión de las masas, fuera del pedestal, le ha permitido a Gracia abordar sus debilidades: su soberbia intelectual, su ocasional sobrecarga retórica que Gracia llama “cirrosis del estilo”. Mientras que afrontarlo de principio a fin, huyendo del lema, le ha permitido restituirlo en su integridad. “Existe cierta propensión a fosilizar a Ortega en frases y latiguillos que le sintetizan y le falsean y cuando vuelves a leerlo de verdad entero redescubres la potencia del creador”.
Ni una sola de las frases orteguianas que de tan repetidas parecen eslóganes se cuela en la conversación de Jordi Gracia: “He redescubierto un Ortega vibrante, denso, potente, convincente, agresivo”. Un individuo superdotado, excepcional y un tanto “extravagante” como su afán de conciliar liberalismo y socialdemocracia. O en su radical ateísmo, entonces un verso suelto entre la élite que, pasada la guerra, le costaría la enemistad perpetua de la Iglesia y sus ideólogos. “Era sorprendente en términos históricos que alguien de primer nivel no oculte la ausencia de fe, y además deplore la condición de inferioridad de la moral católica. Él se autodefinía como aquel que aspiraba a una cultural laica y civil. El nacionalcatolicismo no odió a nadie como a Ortega. La Iglesia sabe que es la peor dinamita que ha engendrado la edad de plata, el peor ácido corrosivo de su legitimidad”.
Hay varias leyendas que Gracia tumba. “No fue nunca franquista, pese a colaborar olímpicamente en el ‘servicio nacional’ de propaganda en 1938”, escribe. Cuando interviene en público tras su exilio en la reapertura del Ateneo de Madrid en 1946, “cree de veras que puede ayudar a rectificar el sistema”, expone en la entrevista. La decepción de Ortega le lleva a desaparecer de la vida pública española y a intensificar sus actividades internacionales. De esa época es su encuentro con Heidegger, el filósofo que le había cambiado la vida.
¿Es el gran filósofo español? “¿Hemos tenido otro?”, responde Gracia, “es uno de los grandes escritores del siglo XX y el gran civilizador de las élites intelectuales españolas, el que enseña a pensar sin supersticiones. Reivindico su vigencia para adiestrar el pensamiento racional aunque conduzca a recortar grandes sueños o rebajar ilusiones”.
Fue un púgil pesado contra la falsedad, un viejo con pulsión intelectual juvenil y un joven con lecturas de viejo. “Ortega desde luego”, escribe su biógrafo nada más empezar, “no es normal”.

Versos de barro y muerte.



Cualquier mañana de un 11 de noviembre en Londres es inolvidable. La mayoría de las personas, sin importar su edad, credo, nacionalidad o color de piel, salen a la calle con una flor roja en la solapa. Si alguno no la tiene o se le ha olvidado, ya habrá alguna organización caritativa que le dé una a cambio de donar unos pocos peniques o una libra. La pequeña amapola conmemora el armisticio de la I Guerra Mundial y la sangre derramada por muchos jóvenes británicos y de otras partes del mundo, cuya prematura muerte privó a la humanidad de talentos en las artes y las ciencias. También simboliza la vida que emerge en medio de la devastación de una guerra, la belleza que se impone al horror. Así lo vieron los soldados en la primavera de 1915 en los campos de batalla de Bélgica y así lo retrató una generación de imberbes poetas que pereció en las trincheras o sobrevivió solo para recordar el horror.
La idea de usar la bella amapola roja como símbolo de los caídos fue de Moina Belle Michael, una secretaria de la oficina central de la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA) en Nueva York. Unos días antes del armisticio del 11 de noviembre de 1918, Moina leyó en una revista el poema We shall no sleep (No podremos dormir), más conocido por el título In Flanders fields (En los campos de Flandes),del oficial médico canadiense John McCrae, fallecido a principios de ese último año de contienda a causa de una neumonía. Tenía 45 años. Ese día, el 9 de noviembre, se celebró una conferencia en el YMCA, y Moina, inspirada por el poema, corrió a una tienda a comprar amapolas para repartir entre los asistentes y consiguió una veintena de flores artificiales hechas de seda en una gran tienda llamada Wanamaker’s (hoy Macy’s). En su autobiografía, tituladaThe miracle flower (La flor milagrosa), Moina Michael relata todos sus esfuerzos para convertir la amapola en el símbolo de los caídos. Su campaña en EE UU fue secundada en Europa por la francesa Anna Guérin, también secretaria del YMCA, que organizó las primeras ventas de flores para recaudar fondos para las viudas y huérfanos de los muertos en los más de cuatro años de guerra.
In Flanders fields, escrito en los primeros días de mayo de 1915, en medio de la segunda batalla de Ypres, tiene hoy la misma fuerza desgarradora que hace casi un siglo. Sus versos están entre los más representativos de un conjunto de poemas escritos por los jóvenes soldados que perdieron lo que les quedaba de inocencia y la vida entre el barro, el ruido, las ratas, los piojos y el hambre en los campos de batalla de Europa. Muchos se habían enrolado en la poesía georgiana antes de la contienda, otros eclosionaron y se apagaron en las trincheras. La mayoría escribe unos primeros versos henchidos de patriotismo e idealismo para luego reflejar el dolor y la podredumbre de la guerra de la forma más descarnada, desde la primera línea del frente y tras presenciar las espantosas muertes de sus camaradas y amigos a manos de las nuevas máquinas de guerra nacidas al albor de la revolución industrial y de las armas químicas. Había nacido la poesía antibélica moderna.
El poeta más significativo de todo este grupo por su ritmo, su profundidad y su técnica es Wilfred Owen. Se enrola en octubre de 1915 y muere en batalla apenas una semana antes de la firma del armisticio. Su poesía comienza a tratar los mismos temas que los demás: el horror, la agonía, la muerte con dolor. Pero muy pronto pasa de la descripción de la violencia a meditar sobre ella, a denunciar que una valiosa juventud estaba siendo sacrificada inútilmente. Tengo una cita con la muerte (Linteo, 2011), una antología bilingüe de poetas que perdieron la vida en la I Guerra Mundial, arranca con una cita de Owen: “Sobre todo no estoy preocupado por la poesía. Me ocupo de la guerra, y de la pena de la guerra. La poesía está en la pena”.
Owen escribió la mayoría de sus mejores poemas en un plazo de apenas dos meses en 1917 en un pequeño cuarto alquilado de una casita de campo próxima a un campo de entrenamiento militar en Ripon, en North Yorkshire. Fue después de pasar unos meses en el hospital Claiglockhart, cerca de Edimburgo, donde se recuperó de las heridas sufridas en el frente. Allí conoció a Sigfried Sassoon, y ese encuentro, según los estudiosos, fue clave en el cambio de rumbo que tomó la poesía de Owen. Hasta ese agosto de 1917, Owen había acumulado no pocas experiencias traumáticas en el frente francés, pero sus textos hasta entonces indican que creía que la guerra debía seguir librándose. Sassoon, en cambio, estaba ya comprometido con el pacifismo y asqueado con el cinismo de los políticos. En julio de 1917, en un comunicado muy subido de tono para un oficial británico, Sassoon critica abiertamente la “prolongación injustificada de la guerra” y opina que la contienda ya no era para “defender ni liberar nada”, sino un acto “de agresión y conquista”. En vez de ser sometido a un consejo de guerra por insubordinación, Sassoon fue internado en Claiglockhart y retenido allí para acallarlo con la excusa de interminables tratamientos contra los traumas del frente bélico.
Sassoon nunca fue más allá de los versos de protesta y, en cierto modo, lo reconoció en un poema llamado Testament (Testamento):“Oh mi corazón, cálmate; has agotado el llanto; has hecho tu papel”. Owen, aunque descarnado en sus versos, no llegó a comulgar con el pacifismo como Sassoon. El poeta de Oswestry (Shropshire) es profundamente patriótico y cristiano, y en sus versos no sólo describe el horror del combate, sino que reflexiona sobre el atropello de los valores que representan al héroe y el heroísmo. La I Guerra Mundial desfigura el concepto de héroe tradicional del que se nutre la literatura épica durante siglos. La fe en el ideal noble y la causa justa, la generosidad hacia el vencido, el reconocimiento de la superioridad del adversario; todo se derrumba ante la frialdad de las máquinas de guerra y el asesinato calculado y en masa. Owen da cuenta de la falta de espiritualidad en los campos de batalla en su poema Anthem for doomed youth (Himno a la juventud condenada): “¿Qué toque de difuntos para los que se mueren como reses?”.
El poema ‘En los campos de Flandes’, de 1915, inspiró el uso universal de la amapola para recordar a los caídos
Owen no solo es único porque relaciona como nadie la poesía y la guerra, sino porque sólo él fue capaz de escribir unos versos que describen el “encuentro” en el inframundo de un soldado con el enemigo al que había dado muerte la jornada anterior. En Strange meeting (Extraño encuentro), el poeta habla, escucha y aprende del militar alemán, que se convierte en un “amigo” en la muerte. Es uno de los poemas más inquietantes y complejos de Owen y uno de los más profundamente humanos de los redactados en la pequeña casa de Ripon, cuando el poeta ya sabe que en breve volverá a Francia con su regimiento de Manchester.
El 4 de noviembre de 1918, Owen muere abatido por los alemanes al intentar cruzar un canal en la localidad de Ors. Seis meses antes, a unos cien kilómetros de allí, el Frente Occidental se había cobrado la vida de otro gran poeta, Isaac Rosenberg. Nacido en el seno de una familia judía humilde de Bristol, fue uno de los pocos poetas que eran soldados rasos. No gozó de los privilegios de los oficiales y permaneció en el frente durante 21 meses con un breve periodo de permiso. El crítico y poeta Jon Silkin fue un ferviente defensor de Rosenberg como el verdadero gran juglar de la I Guerra Mundial.Break of day in the trenches (El romper del día en las trincheras),compuesto en plena batalla del Somme, es un ejemplo de la vívida e imaginativa poesía de Rosenberg, que aunque describe el horror de la trinchera como Owen, lo hace de una forma más impersonal y hasta con cierto desdén.
Quienes elogian el arte de Rosenberg por encima del de los demás poetas suelen argüir que él representa mejor que nadie el cambio que supuso el reclutamiento masivo del hombre corriente para librar una guerra. Hasta 1914, las grandes potencias de la época, y sobre todo Reino Unido, contaban con un ejército profesional para defender sus intereses lejos de sus fronteras. A lo sumo echaban mano de milicias locales afines, que solían ser la carne de cañón en las batallas. En la I Guerra Mundial, este desgraciado lugar en la primera línea de fuego fue ocupado por una tropa de obreros, comerciantes, oficinistas, desempleados y estudiantes impresionados por un espíritu patriótico avasallador. La mayoría de ellos no habían empuñado un arma en su vida y en poco tiempo fueron enviados al frente.
Para los editores de la colección de poemas Tengo una cita con lamuerte, Borja Aguiló y Ben Clark, la “verdadera poesía fruto de la Gran Guerra” es posterior a la batalla del Somme, una de las más largas de la contienda, que arranca el 1 de julio de 1916 y se prolonga hasta noviembre de ese mismo año. Es la más sangrienta en la historia del Ejército británico: sólo en el primer día de batalla mueren 20.000 británicos y al final de la misma son más de 400.000, incluyendo los soldados de otros países de la Commonwealth. “Es fascinante comprobar”, dicen los editores, “el cambio de tono y estilo que sufrieron algunos poetas”. Aguiló y Clark citan el ejemplo de William Hogson, que en agosto de 1914 escribe los heroicos versos deEngland to her sons (Inglaterra a sus hijos) y que durante la ofensiva del Somme, dos días antes de morir, compone Before action (Antes de entrar en la batalla): “Por todos los placeres que voy a perderme, ayúdame, Señor, ayúdame a morir”.
Catherine Reilly, una reconocida bibliógrafa británica, registró 2.225 escritores británicos que vivieron la experiencia de la I Guerra Mundial y escribieron sobre ella. Un cuarto de esa cifra eran mujeres: Vera Brittain, Eleanor Farjeon, Margaret Postgate Cole, Rose Macaulay, Charlotte Mew, May Sinclair, Edith Sitwell o Mary Webb, entre otras. Reilly las reunió en una célebre antología publicada en 1984: Scars upon my heart: Women’s poetry and verse of the First World War. Memorable es el poema Perhaps (Tal vez), que Brittain escribió para su novio Roland Leighton, muerto en el Frente Occidental en 1915. Leighton era el amigo de la niñez del hermano favorito de Vera, Edward, que fue abatido en el frente austro-húngaro en junio de 1918. Más o menos por la época en que Brittain escribió Perhaps, Postgate Cole redactó su célebre The falling leaves (Las hojas muertas). Postgate Cole era una convencida pacifista, feminista y socialista; y criticó la guerra y a los Gobiernos que la justificaron desde el estallido. En cambio, Brittain, como muchas de las poetisas de la Gran Guerra, empezó la guerra con la idea de que la contienda era necesaria y acabó como una ferviente opositora. Los trabajos más reconocidos de las mujeres aparecieron tras el armisticio de 1918 y reflejaron sobre todo el dolor de las vidas perdidas y la soledad de los que a su regreso no lograron rehacer sus vidas.
La poesía de la I Guerra Mundial, pese a su intensidad y calidad literaria, tardó años en ser debidamente reconocida por la crítica. La primera gran antología de poetas-soldados que vivieron la guerra de primera mano no llegó hasta 1964, cuando Brian Gardner publicóUp the line to death (Avanzando en el frente hasta la muerte), un hito de este género. Desde Brooke, Sassoon u Owen hasta otros escritores casi olvidados hasta ese momento, la obra incluye a 72 poetas, de los que más de 20 habían muerto en los campos de batalla. El trabajo de Gardner es el primero en transportar al lector desde el júbilo de los primeros días de la contienda hasta la amarga decepción antes del suspiro final.

Cómo escribir 'Best-seller' en cuatro pasos.



    Este jueves 25 llega a la pantalla la película basada en el libro homónimo de John Green: Bajo la misma estrella; un éxito de ventas en librerías de todo el mundo
GUADALAJARA, JALISCO (26/MAY/2014).-  Hazel tiene cáncer. A los 16 años, no sabe cuánto tiempo le queda de vida. Vive pegada a un tanque de oxígeno. Gracias al tratamiento recibido, su tumor se redujo, pero no es suficiente.

Empujada más por la obligación que por la voluntad, Hazel acude a un grupo de apoyo en donde escucha experiencias ajenas. Sin embargo, como si su vida obedeciera a un designio desconocido, conoce a Gus Waters, un hombre que superó la misma enfermedad y que la ayudará a enfrentarla.

La película “Bajo la misma estrella”, basada en la novela homónima de John Green, llega a la cartelera este 29 de mayo.

Hasta el momento, el primer avance de la película ha tenido alrededor de 18 millones 514 mil 503 visualizaciones, dio a conocer EL INFORMADOR.

La cinta está protagonizada por Shailene Woodley y Ansel Elgort. A sus 22 años de edad, la actriz ha participado en “Caso abierto” (2007), “Vida secreta de una adolescente” (2008), "Los descendientes" (2011), "Aquí y ahora" (2013), "White bird in a blizzard" (2014) y "Divergente" (2014). Por su parte, el histrión neoyorquino, nacido en 1994, ha aparecido en "Carrie" (2013) y "Divergente".

"Bajo la misma estrella" relata una historia de amor con la que ya se han identificado los lectores, pues de acuerdo con los sitios de internet de las librerías Gonvill y Gandhi, la novela de Green se encuentra entre los libros más vendidos. En Gandhi ocupa el tercer sitio. Por encima de ella están "Buscando a Alaska", escrita también por John Green, y "El hombre que perseguía al tiempo", de Diane Setterfield. En Gonvill comparte el pináculo de ventas con títulos como "Cien años de soledad" de Gabriel García Márquez; "Divergente" e "Insurgente", ambos escritos por Verónica Roth, y "Cincuenta sombras de Grey" de E. L. James.

De acuerdo con El Economista desde que salió la novela, en abril de 2013, se ha mantenido en los primeros lugares de Latinoamérica y Estados Unidos. El diario resaltó que el éxito de "Bajo la misma estrella" provocó que "Buscando a Alaska", primera novela de Green, se vendiera más.

EL GANCHO

Historias que atrapan a jóvenes

Involucrar a los jóvenes en la narrativa ha sido un éxito para algunos autores. Nacida en 1988, Veronica Roth decidió escribir la novela Divergente mientras estudiaba Escritura Creativa en la Universidad de Northwestern. En la historia, ubicada en Chicago —lugar de origen de la escritora—, la sociedad está dividida en cinco facciones: Verdad, Abnegación, Osadía, Cordialidad y Erudición. Durante una ceremonia, que se realiza anualmente, todos los chicos de 16 años deben decidir a qué facción se unirán por el resto de sus vidas. Beatrice Pior (Shailene Woodley) tomará una elección inesperada y será perseguida.

Otro ejemplo de esta fórmula es la novela Buscando a Alaska, de John Green. En ella se cuenta la historia de Miles, quien a los 16 años, cansado de su aburrida existencia, decide cambiarse a un colegio internado para buscar lo que Rabelais llamó el “Gran quizá”. Durante el viaje, Miles conoce a Alaska, una enigmática chica con la que teje una entrañable relación que puede terminar en cualquier momento.

El titular del Departamento de Estudios Literarios de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Luis Medina Gutiérrez, afirmó que entre los aspectos que provocan que este tipo de libros sean leídos con voracidad están la temática juvenil, los personajes arquetípicos y con dones sobrenaturales, las relaciones amorosas y lo predecible del final, en el que regularmente hay dos opciones: la continuación de la historia en otro libro o la resolución del conflicto que deje satisfecho emocionalmente al lector.

Medina Gutiérrez agregó que en esta clase de literatura se busca que el personaje se identifique con el lector sin crearle problemas. Destaca que en algunas de estas novelas no hay alteraciones en los tiempos narrativos, no se exploran nuevos caminos, no se juega con el lenguaje, la narración normalmente es lineal, no hay complejidad en la trama, no hay intertextos. Sin embargo, le parece adecuada su lectura para un adolescente que apenas empieza a interesarse por la literatura.

EN VOZ DE...

Un lector en contra de los Best-seller

Gabriel Gómez es un lector de literatura que desecha los best-seller. Para él es importante la intención con la que se escribe un libro. Prefiere aquéllos que se trazan con un interés en la estética y en la didáctica más allá de los que se escriben para ganar dinero. Comenta que a las grandes editoriales les interesa más lo comercial. Si éstas tienen el Quijote en las manos y saben que no se venderá, no lo publican. Cuando la literatura, que es un placer, se convierte en un negocio, el lector debe desconfiar, dice Gabriel, quien padeció “El Código da Vinci”, de Dan Brown, el cual carece de sustento histórico y en su opinión es “una genial invención para ganar dinero”.

PASO A PASO

Claves para escribir éxitos de ventas

De acuerdo con Luis Medina Gutiérrez, los best-sellers y que están enfocado a los adolescentes tienen los siguientes elementos:

-Temática juvenil. Los protagonistas se encuentran en la frontera de la adolescencia con la vida adulta.

-Personajes arquetípicos o con dones sobrenaturales. En ellos se puede encontrar una actitud que destaca en la literatura maniqueísta: los buenos, los malos...

-Hay en la historia una relación amorosa. El sentido romántico en este tipo de narrativo es insoslayable para el autor.

-El final es intuido por el lector. Éste normalmente tiene dos opciones: la historia sigue desarrollándose en otro libro o deja satisfecho emocionalmente al lector.