lunes, 25 de agosto de 2014

Las verdades de Houellebecq.




Cuando el periodista lanza la pregunta, Michel Houellebecq (Saint-Pierre, isla de La Reunión, 1958) se toma su tiempo. Cinco segundos. Diez. Un titubeo. Paciencia, el escritor tiene fama de huraño, de ausente hasta lo enfermizo. Transcurren otros 20, y el silencio del patio del céntrico hotel se vuelve atronador. A los 40 segundos el escritor regresa de ese lejano espacio mental en el que parece almacenar respuestas. El equipo de prensa del filme El secuestro de Michel Houellebecq, fabulación sobre su desaparición en 2011 en la que se interpreta a sí mismo, respira de alivio. También el periodista. Da igual lo que conteste: suena a gloria.
En cualquier caso, los atemorizados periodistas coinciden en que el escritor parece estar de buen humor. Su figura desgarbada, su piel blanca hasta la transparencia, ese cuerpo que parece haber sufrido más de lo que permitiría su edad inspiran incluso ternura. Este lado afable se corresponde con el que muestra en lo que le ha traído hasta su adorada España, el estreno el 29 de agosto de este filme producido por la cadena Arte y estrenado en la Berlinale, una especie de falso documental sobre uno de los episodios más conocidos de su turbulenta historia mediática.
Me reconozco más en la película que en mis novelas
“La primera estrella literaria desde Sartre” (como le definió la revista Le Nouvel Observateur) acababa de ganar el premio Goncourt, la medalla de oro de la novela francesa, por El mapa y el territorio. Sus agentes le esperaban para comenzar una gira por los Países Bajos, pero el escritor no acudió a la cita, ni contestaba a correos electrónicos ni llamadas. Alarma, pánico. ¿Habría recaído en la depresión psicótica que sufrió en los ochenta?¿Habría desaparecido del globo, como hacía en su libro el personaje llamado Houellebecq?¿Le habría secuestrado Al Qaeda en respuesta a sus ofensas al islam, como se llegó a rumorear en la web? Decepción: el escritor apareció a los tres días. Simplemente la línea telefónica de su casa en Almería no funcionaba. O eso aseguraba.
Lo sigue afirmando, aunque el filme de Nicloux parte de otra idea: ¿Y si la hipótesis del secuestro hubiera sido cierta? Para ello, sitúa al escritor real en medio de una situación ficticia. “Todo eso de Al Qaeda era finalmente muy lúdico y me servía como coartada ficcional para mostrar momentos de Michel que los medios no han expuesto. Es de las personas que más me hacen reír, y me parecía una pena que el espectador no pudiera tener acceso a esa parte de su personalidad”, explica el director, que ya había trabajado con el literato en su película para televisión L’affaire Gordji (2012). El escritor parece haberle cogido el gusto a la actuación. En breve estrena el largometraje Near death experience (dirigido por Benoît Délépine y Gustave Kervern), en cuyo trailer se le puede ver bailando rock.


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