viernes, 31 de octubre de 2014

Destacan características de la obra de Pacheco.



CIUDAD DE MÉXICO (18/OCT/2014).- Una obra con diversos claro-oscuros y que aborda diferentes aspectos históricos nacionales son las características del trabajo de José Emilio Pacheco (1939-2014), que se destacaron esta tarde en el marco de la XIV Feria Internacional del Libro (FIL) del Zócalo.
 
En el foro que lleva el nombre del autor se realizó la charla 'Ausente-Presente: José Emilio Pacheco', a cargo del crítico literario Rafael Olea y el poeta José María Espinasa.
 
Olea refirió, entre otros libros, el título 'Las batallas en el desierto', que quizás sea la obra narrativa más conocida de Pacheco y que junto con 'Aura' (Carlos Fuentes) es la segunda novela breve con más reimpresiones en México.
 
"No hay ninguna otra obra de esta naturaleza con tanto éxito, es una obra clave de Pacheco que actualmente cuenta con un gran grupo de lectores jóvenes", expresó.
 
La obra, explicó, es una retrospectiva en la que Pacheco reconstruye con una mirada nostálgica y crítica su infancia y su espacio en la escuela básica, y alude a problemas de carácter histórico.
 
A través de su narrativa, también critica la época en la que sitúa la historia, un periodo devastador en la estructura económica del país que permitió la entrada de grandes empresas estadounidenses, basta recordar como Pacheco hace énfasis en la introducción de nuevas palabras en aquella generación: hot-dog o sándwiches.
 
En 'Las batallas en el desierto' también se acuñaron algunas de las frases más memorables del escritor: luego de que el protagonista de la historia, Carlitos, es llevado con un sacerdote y un psicólogo por haber confesado su amor a la mamá de su mejor amigo, el niño dijo "déjense de pendejadas no pueden entender simplemente que alguien se enamore".
 
De allí surgió la conocida frase: "El amor es una enfermedad en un mundo lleno de odio", puntualizó.
 
Olea también destacó la obsesión de Pacheco por los aspectos de carácter histórico que aborda en su obra de principio a fin, creando así textos realistas que hablaban de cómo esta ciudad se sigue degradando y continúa esperando un futuro promisorio.
 
Por su parte, José María Espinasa recordó que durante la década de los setenta, Pacheco se volvió portador de un acento marcado por los movimientos sociales de 1968 en el que la queja está muy presente en su obra, pero sin caer en el melodrama.
 
Para la década de los ochenta su prestigio creció en México y en otros países de lengua española, se vuelve pro clásico en vida, siendo aún muy joven y una década más tarde engrosó considerablemente su obra, que se caracterizó por integrarse de escritos de gran gracia comunicativa.
 
"Ya para el siglo XXI se puede considerar que Pacheco se contaminó de cierto melodramatismo, ya era algo más quejoso y un tanto chantajista, pero al mismo tiempo recuperó la concepción epigramática que lo había caracterizado en un principio y sobre todo consiguió algo que todos los mexicanos envidiamos: lectores".
 
Espinasa agregó que la muerte de Pacheco fue sorpresiva, y que se tiene una necesidad de leerlo con la precisión y rigor con la cual leyó él a otros escritores.

No hay comentarios:

Publicar un comentario