lunes, 13 de octubre de 2014

Un fortín literario en el Zócalo de la Ciudad de México




Más de 300 carpas blancas repletas de libros emergen de la enorme plaza del Zócalo de la Ciudad de México constituyendo una especie de fortaleza dedicada a los libros. La plaza, un rectángulo de casi 47.000 metros cuadrados, es cada fin de semana un hervidero de turistas, vendedores ambulantes, manifestantes con pancartas y consignas, de tráfico impaciente y ruidoso. Del 10 al 19 de octubre el bullicio se concentra detrás de unas vallas metálicas que albergan en un cuadrado más pequeño la XIV Feria Internacional del Libro, que este año conmemora centenarios: el del nacimiento de Octavio Paz, Julio Cortázar, Adolfo Bioy Casares, Efraín Huerta, José Revueltas, Marguerite Duras y Dylan Thomas, así como al chileno Nicanor Parra, quien cumplió en septiembre 100 años.
Fue ahí, donde hacia las cuatro y media de la tarde del sábado, donde el poeta y activista Javier Sicilia aprovechó la presentación de su libroViajeros en la noche para hacer un llamamiento a la lucha y resistencia no violenta, como la de su Movimiento por la Paz, para cambiar la realidad "horrorosa" del país. "Una manera de presionar a estos políticos corruptos es votar en blanco en las próximas elecciones. ¡No nos representan, cabrón!", soltó el poeta ante el Foro José Emilio Pacheco lleno de admiradores. En las últimas semanas, la agenda de México ha sido dominada por violentos sucesos: la matanza de 22 supuestos narcos en Tlatlaya en una presunta ejecución sumaria por la que han sido detenidos al menos tres militares y la desaparición de 43 estudiantes de magisterio en Iguala, Guerrero.
El acceso a la feria no es fácil. La salida tampoco. Muchos visitantes caminan desorientados por los pasillos entre expositores preguntando qué camino les saca de ahí. "¡Pinche laberinto!", comenta desesperado un joven al pasar dos veces por la bandera, colocada en el centro del Zócalo. Las exposiciones al aire libre con fotografías y textos de Octavio Paz y José Revueltas sirven a muchos para orientarse, al final se encuentra la boca de metro.
Visitantes pasean por Feria del Libro de la Ciudad de México. / S.G. (EFE)
Además de los expositores de las editoriales, algunas con ofertas de libros por 20 y 30 pesos (0,75 y 3,5 dólares), los visitantes encuentran cuatro grandes carpas dedicadas a las presentaciones de libros y otras actividades culturales: la del Foro José Emilio Pacheco, Foro Efraín Huerta, Foro José Revueltas y Foro Nicanor Parra. Cerca del centro de la plaza se encuentra el Café Literario Octavio Paz, donde también se realizan presentaciones y charlas, pero cuenta con unas mesas para los espectadores. Hay dos zonas destinadas a talleres infantiles, una ludoteca y un planetario.
Durante la mañana del sábado y como parte de la inauguración de la feria, se ha entregado el VII Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska a Álvaro Enrigue, por su novela Muerte súbita(Anagrama), y el Primer Premio de Poesía Joven Alejandro Aura a Mayco Osiris Ruiz, por su poemario El revés de esta luz.
La feria celebrará, del 16 al 18 de octubre, el Festival Internacional de Poesía de Ciudad de México, que tendrá como invitados a una veintena de poetas de varios países y contará con la presencia de escritores nacionales e internacionales. Se espera que la escritora y periodista Elena Poniatowska cierre este evento cultural.
Los que participaban en las conferencias y talleres en las carpas más periféricas tenían que luchar para hacerse oír, porque detrás de las verjas la plaza seguía su curso habitual. Esta vez, un centenar de manifestantes del extinto sindicato de electricistas cantaba y coreaba consignas obreras con el puño en alto en el quinto aniversario del desmantelamiento del organismo público. La fortaleza literaria del Zócalo no puede con la Ciudad de México.

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